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martes, 21 de julio de 2015

Todo un pueblo obligado a asistir al fusilamiento de su alcalde, a dar vivas a Franco y a desfilar ante el cadáver: Martos, la Memoria al servicio de la Justicia. Día 202.

Aunque el resultado es siempre igual de funesto, la más letal Justicia adopta en la España de Franco múltiples disfraces. Fusilamientos in situ allá donde los soldados republicanos han sido tomados prisioneros; muertes tras palizas y tormentos sin cuento; fallecimientos provocados --literalmente, provocados-- por enfermedades inducidas por los verdugos que sólo son endémicas en campos y prisiones pero leves y curables en sus exteriores; sacas irregulares de comandos de la muerte falangistas que acuden a las prisiones para hacer extracciones de presos y asesinarlos a pocos metros de prisión o del campo, en la primera curva; asesinatos por la espalda a presos maniatados mediante la forzada aplicación de la Ley de Fugas; fusilamientos masivos tras parodias de juicios... Muchas de estas formas de asesinato son encubiertas y subrepticias, pero otras...

Otras no, otras son públicas y en algunas localidades se celebran como en un festejo patronal.  Martos (Jaén) es uno de esos terribles casos paradigmáticos de asesinatos políticos convertidos en espectáculos de masas, con un evidente propósito aleccionador, terrorista, el de amedrentar a la población y someterla al miedo a los armados, aun más si cabe. Sabemos de ello por un suelto publicado en el "Diario Jaén" el 12 de marzo de 1942 y por el testimonio que han aportado algunos marteños que, siendo en aquel entonces niños traumatizados, asistieron a aquella inolvidable y macabra ceremonia de muerte. Todos ellos recuerdan de manera indeleble aquel día, en la que entonces se llamaba Plaza José Antonio, la conocida como Plaza Nueva.

Plaza "José Antonio" de Martos. Principios de los años 60.

Ante millares de personas, cientos de ellas niñ@s, se cumple la sentencia recaída sobre el anterior alcalde del pueblo, Alfonso Ruiz Aguilar, y sobre el teniente coronel del Ejército Popular de la República Antonio Vílchez Fernández, acusados --como siempre-- de todo tipo de crímenes. Un piquete de la Guardia Civil, al mando del teniente Juan del Castillo, ejecuta la sentencia, ante las atentas miradas del gobernador militar de la provincia Juan Pancorbo y del teniente coronel de Estado Mayor Manuel Chamorro. Los niñ@s y los adultos presencian el espantoso ritual: los reos son fusilados de espaldas, atados y apoyados sobre unos sacos de cisco que habrán de evitar el rebote de las esquirlas. Antes de morir, justo en el instante anterior a la descarga, simultáneamente a la voz de "¡fuego!", uno de ellos, el alcalde Alfonso Ruiz gira su torso y lanza hacia sus vecinos y amigos tuccitanos el grito postrero de "¡¡Viva la República!!".

Desde la cárcel de la ciudad y presos en ella, la esposa de Alfonso, Gloria Luque, que recientemente ha dado a luz a su hijo Germinal, y el padre de Alfonso, José Ruiz, escuchan espantados el tronar de los fusiles, que anuncian el asesinato de su marido e hijo. Con el paso de los días, pocos, Germinal y José morirán en prisión.


Suelto que refleja el asesinato de Alfonso Ruiz y Antonio Vilchez en Martos. "Diario Jaén". 12 de marzo 1942. Fuente: http://www.martosaldia.es

Pero el espanto de los presentes, y de los que somos capaces de situarnos emotivamente de alguna manera en aquella época pretérita, se agudiza cuando los asistentes al asesinato presencian los tiros de gracia en el craneo de los fusilados y cuando tras los forzados vivas a Franco de rigor, son obligados, niñ@s, mujeres, ancianos, hombres a desfilar ante los cadáveres. Niñ@s, mujeres, ancianos, hombres. 250.000 republicanas y republicanos antifranquistas son asesinados entre 1936 y 1975, sufriendo las más pavorosas muertes a manos de sus bárbaros verdugos, pero nadie que lo haya vivido olvidará nunca en Martos aquel ominoso día de muerte de marzo de 1942.

Algunos de los datos de esta entrada proceden de la web www.martosaldia.es, mientras que otros han sido tomados de http://laguerraenjaen.com --conjuntamente con las imágenes de las lápidas-- y del trabajo titulado "Todos los Nombres", publicado por el memorialista Santiago de Córdoba Ortega en "Estudios y Actividades. ARMH Jaén".

1 comentario:

Santiago de Córdoba dijo...

Estimado amigo Paco, así fue y así me lo contó uno de los testigos indirectos de aquella criminal villanía: Antonio Villargordo Hernández. Desde 1977 me unió una gran amistad con Antonio Villargordo, cuya biografía puedes leer en el siguiente enlace: http://www.fpabloiglesias.es/archivo-y-biblioteca/diccionario-biografico/biografias/17768_villargordo-hernandez-antonio. Durante años y años, mi esposa y yo íbamos a Martos a pasar unas horas con nuestro viejo amigo. En el libro “Estudios y Actividades: Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Jaén” (2ª edición, 2007), Antonio Villargordo publica “Mi visión de la recuperación de la memoria histórica” (pp.467-472) en cuyo relato aporta datos reproducidos por el periódico del Movimiento “Diario Jaén” (11 y 12 de marzo de 1942) sobre el fusilamiento de Alfonso Ruiz Aguilar, alcalde socialista de Martos, y de Antonio Vílchez Fernández, teniente coronel comunista del Ejército Popular de la República. Antonio Villargordo por su vinculación familiar de la esposa (su padre era un mando de la Falange de Martos) obtuvo detalles que la crónica del periódico omite: “...En la plaza de José Antonio y ante millares de personas, fue cumplida la sentencia...por un piquete de la Guardia Civil,... fue encargada de realizar dicha ejecución.Terminada ésta el público dio vivas a la justicia ejemplar del Caudillo y desfiló ante los cadáveres”. Como me informó Antonio Villargordo, entre ese público presenciando la ejecución en la plaza de José Antonio, en la actualidad Plaza Fuente Nueva, se encontraban niños y adolescentes acompañados de sus maestros falangistas.

Me queda felicitarte por tu trabajo en el blog Todos los rostros, como ejemplo el que te comento http://todoslosrostros.blogspot.com.es/2015/07/todo-un-pueblo-obligado-asistir-al.html

Un abrazo desde Andújar.

Santiago de Córdoba