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sábado, 14 de marzo de 2015

Comercios, viviendas, colegios, institutos, edificios de uso público en el Madrid de hoy, eran hace 75 años las fábricas de muerte de la dictadura franquista: La Memoria al servicio de la Justicia. Día 72

En el último año de los 30 y durante toda la década de los 40 era Madrid una inmensa prisión. Decenas de centros de detención, interrogatorio y tortura; 10 campos de concentración; más de 35 juntas de clasificación y depuración; 15 comisarías de distrito; 10 cuarteles de la Guardia Civil; 10 delegaciones de distrito de Falange; muchos tribunales y juzgados; cementerios... Y cárceles, más de 20 cárceles. Decenas y decenas de miles de  mujeres y hombres pasaron por alguno estos sitios, muchos para ser asesinados en su interior y otros muchos para ser maltratados y recluidos en ellos durante meses y años. 75 años después, en estos aciagos tiempos de olvido y desmemoria, los modernos urbanitas de la capital vuelven la espalda a aquel criminal pasado e ignoran que el injusto presente del que abominan es su directo heredero. Pero bueno es refrescarles la memoria y dar las pistas necesarias para geolocalizar estos lugares de muerte. Quizás a partir de hoy y cuando caminen con prisas por las calles de su ciudad, los madrileños aparquen durante un instante la aceleración vital que suele caracterizarles, despeguen la vista de su dispositivo móvil, miren a su alrededor y cuando encuentren que se hallan ante uno de estos altares en los que la Libertad y sus defensores fueron sacrificados, musiten una plegaria o mascullen un verso en homenaje a los allí secuestrados y caídos. Pueden entonces hacerlo cuando estén en...

Calle Marqués de Mondéjar, números del 16 al 22. Allí estaba la Prisión Central de Madres Lactantes de Ventas, instalada entre 1945 y 1960 en un pequeño rincón del ala sudoeste de la cárcel de mujeres de Ventas.

Ronda de Atocha, número 27. Fue antes y después de ser Prisión de Atocha el Colegio de los Salesianos de la Ronda de Atocha.

Calle del Barco, 24. Allí estaba la Prisión de Barco, en el edificio que antes habían ocupado los estudios de Discos Columbia y que en la actualidad tienen uso residencial, con locales cerrados en planta baja.

Paseo de Eduardo Dato, antes calle o paseo del Cisne, número 2, Chamberí. En lo que antes era el Colegio de las Damas Negras y ahora el Colegio Blanca de Castilla y edificios residenciales, allí estaba la Prisión de Cisne.

Calle de Claudio Coello, 112. Allí, en el antiguo y actual Convento de Santo Domingo el Real y local de varios comercios, estaba la Prisión de mujeres de Claudio Coello.

Plaza de las Comendadoras. Lugar donde se ubicaba el Convento de las Comendadoras de Santiago, transformado en Prisión de las Comendadoras.

Plaza del Conde de Toreno, número 2. En lo que fue Prisión de Conde de Toreno hay en la actualidad un edificio de viviendas.

Calle del Duque de Sesto, número 9. Allí estuvo ubicada la Prisión del Duque de Sesto, en el viejo convento de los franciscanos, que ahora está ocupado por la Parroquia de San Antonio del Retiro y por dependencias parroquiales.

Manzana definida por las calles General Díaz Porlier, 58, Padilla, Conde de Peñalver y Ortega y Gasset. Tras la guerra se convirtió en la terrible Prisión Provincial de Hombres número 1, conocida como Prisión de Porlier. Con el tiempo volvió a convertirse en el Colegio Calasancio y en el Colegio Universitario Cardenal Cisneros, con unos pocos locales comerciales en alguno de sus bajos.

Carabanchel. Finca de Vista Alegre. En el antiguo reformatorio se ubicó la  Prisión de Príncipe o Príncipe de Asturias, en la actualidad Instituto de Enseñanzas Medias Puerta Bonita.

Calle Quiñónes, número 2. En el antiguo convento de Montserrat ubicaron los franquistas la Prisión de Quiñónes, como clínica psiquiátrica penitenciaria para mujeres. Actualmente es el Priorato de Santo Domingo de Silos.

Manzana definida por las calles Hortaleza, Santa Brígida y Farmacia. Donde se encontraba el antiguo colegio de San Antón, tras la victoria franquista se ubicó la Prisión de San Antón, luego colegio de los escolapios

Calle de San Lorenzo, número 20. Un antiguo colegio religioso se convirtió en la Prisión de San Lorenzo. Hoy es la Residencia Universitaria Patrocinio de San José, adscrita a la Congregación Siervas de San José.

Calle de Santa Engracia, número 142, Chamberí. Antes y después de ser la Prisión de Santa Engracia, era y sigue siendo el colegio Divina Pastora.

Carabanchel. Calle Eugenia de Montijo, número 53. En las instalaciones de un antiguo reformatorio se ubicó la Prisión de Santa Rita, más tarde Prisión Central de Trabajadores.

Conde de Peñalver, número 53, barrio de Salamanca. El antiguo convento de monjas que allí estaba se habilitó como Prisión de Torrijos. En la actualidad, el edificio es utilizado como residencia de mayores por la Fundación Dª Fausta Elorz. En su fachada hay una lápida recordando que allí escribió Miguel Hernández su “Nana de la cebolla”.

Calle Marqués de Mondéjar, números 16 y 18. Allí se localizó el terrible matadero conocido como Prisión de Ventas, muchos años después Hospital Penitenciario de mujeres y Centro Penitenciario de Maternología y Puericultura. En la actualidad hay un complejo de viviendas.

Manzana definida por las calles Juan de Vera, del Plomo y Batalla de Belchite, del barrio de las Delicias. Allí estaba la Prisión de Yeserías. Hoy es el Centro de Inserción Social “Victoria Kent”.

Carrera de San Isidro, número 5, junto al Puente de Segovia. Allí estuvo la Prisión Maternal de San Isidro. Hoy, es un edificio de viviendas en el inicio del Paseo de la Ermita del Santo.

Calle Serrano, 127. En lo que era el antiguo Instituto Escuela de Madrid se estableció la Prisión Maternal Instituto-Escuela. Luego fue ocupado por lo que hoy es Instituto Ramiro de Maeztu

Avenida de los Poblados, Carabanchel. En su solar abandonado se construyó la Prisión Provincial de Carabanchel. Cayo en desuso en épocas  juancarlistas. Tras 55 años fue derribado, para construir viviendas, oficinas y zonas verdes.
 

En resumen, comercios, viviendas, colegios, institutos, edificios de uso público... Todos en uso y sus usuarios, casi todos desmemoriados, habiendo olvidado que su plácido presente se fundamenta en un dolorosísimo pasado. Por eso y al modo latino elevo esta vieja y milenaria jaculatoria en homenaje a los muertos: “Te rogo, praeteriens, dicas sit tibi terra levis”.

Imagen propagandística fascista de un grupo de mujeres republicanas presas en una cárcel femenina franquista. Si bien algunas fuentes localizan la imagen en Madrid, las más fiables la adscriben a la Cárcel de Mujeres de Guadalajara. Fuente: memoriaguadalajara.wordpress.com


sábado, 13 de diciembre de 2008

Semblanza de un idealista: Fermín García Allende

Sin ser en exceso risueño, Fermin García Allende era en 1936 un joven de natural afable y generoso, que se solazaba en sus amistades y gustaba de soñar mundos libres de injusticias. Ya con 16 años, Fermín –miembro de las Juventudes Libertarias y del Sindicato de Actividades Diversas de la CNT-- había celebrado un 14 de abril el nacimiento de la nueva República y junto con los suyos, se había regocijado en la inmediata proximidad de la ansiada reforma agraria, de la educación para todos y de la socialización de la riqueza. Pero la guerra primero y la despiadada represión franquista después, truncaron sus esperanzas y convirtieron a este idealista zamorazo nacido en Villalpando en el año 15 en un hombre parco, cauto y reservado.

Su terrible peripecia vital comenzó, como para tantos otros millones de españoles, con la traición de los militares africanistas y de sus confabulados falangistas, carlistas, monárquicos y cedistas el 17 de julio. Para ayudar a hacerles frente, Fermín se alistó en las Milicias Confederadas de la CNT. Durante un breve periodo de tiempo estuvo destinado en la Cárcel Modelo de Madrid, llegando a hacer guardias en este centro penitenciario en la época de los sucesos de noviembre de 1936, coincidencia involuntaria que marcó para siempre su devenir. Miembro del Ateneo Libertario del madrileño barrio de Pacífico, Fermín tomó parte en reñidas batallas en las zonas de El Escorial. Posteriormente se encuadró como soldado del grupo de sanidad de la 40ª Brigada Mixta, participó en acciones de guerra en el frente de la Ciudad Universitaria y fue adscrito a diversos servicios civiles en el Ministerio de Hacienda.


Carnet de soldado de la 40ª Brigada Mixta

Tras casi tres años de guerra y antes de la derrota final, Fermín consiguió huir de Madrid para embarcar en algún deseado navío, supuestamente anclado en el Puerto de Alicante. Pero como Fermín, decenas de miles de republicanos fueron abandonados a su suerte y hechos presos en marzo de 1939 por los soldados fascistas del italiano Corpo Truppe Volontarie. Luego de una horrenda estancia en el Puerto de Alicante, fue trasladado al campo de concentración de la Plaza de Toros de Alicante y de allí al campo de Los Almendros de triste recuerdo.

Después de su interrogatorio y clasificación, fue enviado a Madrid para ser juzgado. Sufrió tremendas palizas en la madrileña Comisaria de Policía de Conde de Toreno y tras el juicio (expediente 550 bis), fue condenado a tres penas de muerte y encerrado a la espera de su ejecución en la cárcel de Porlier, en la que permaneció durante dos años. En su misma celda, junto a otros muchos que fueron fusilados, se encontraban Zabalza y Rubiera. Los únicos que lograron salvarse del numeroso grupo de condenados a muerte de esta celda fueron Eduardo de Guzmán, Rafael Henche de la Plata y Fermín García Allende. Gran parte de estos padecimientos los relató de Guzmán en su libro “Nosotros, los asesinos”, en cuya página 405 (Editorial G. Del Toro) puede leerse una mención a Fermín.

Imagen de presos durante una misa en Porlier. En el rostro de uno de ellos, con el recuadro en rojo, Mariano García cree poder identificar a su padre Fermín.

Conmutada las sentencias por 30 años de prisión, Fermín conoció torturas, palizas, represión y sufrimiento en carne propia y fue testigo forzado en las ajenas de sus compañeros de padecimiento, ya que se le trasladó a la cárcel de Santa Rita (Madrid) y de allí a las de Porta Coeli (Guadalajara), Burgos, cárcel de Tabacalera (Santander), cárcel de Valdecillas, Fuerte de San Cristóbal (monte Ézkaba, Pamplona), cárcel de Cuellar (Segovia) y cárcel de Yeserías (Madrid), conociendo durante su encierro la dolorosa noticia de la muerte de su hermano, en la cárcel de Segovia. A finales de 1947, Fermín obtuvo la libertad condicional con destierro.
Fuerte de San Cristóbal, Monte de Ezkaba, Pamplona, Navarra. 1942. Fermín García Allende se encuentra justo delante de la ventana pequeña izquierda, con boina.

Fermín García Allende, en el Fuerte de San Cristóbal, Pamplona. 1944.

A la izquierda, con boina, Fermín García Allende, en el Fuerte de San Cristóbal, Pamplona. 1944.

Fermín García Allende, con gafas negras, en el Fuerte de San Cristóbal, Pamplona. 1944. Posiblemente, durante la "celebración" de la Fiesta de La Merced, patrona de los presos.


Francisco Belmonte fue un compañero de prisión del Fuerte de San Cristóbal (Pamplona) muy apreciado por Fermín García Allende. Éste tenía una fotografía suya (la inmediatamente superior a la manuscrita) y con motivo de su muerte en la enfermería del Fuerte, a las 9 de la noche del 2 de mayo de 1944 --o quizás del 19 de diciembre, aunque es poco probable esta segunda fecha--, quiso Fermín dejar testimonio de este fallecimiento y de la sincera amistad que los unía escribiendo una sentida dedicatoria en el reverso de esta imagen de Belmonte.
Prisión de Cuéllar, Segovia. 1944. Fermín García Allende, es el segundo por la izquierda, en la fila superior, con gafas negras.

Fermín García Allende, tercero por la derecha y con gafas negras, en algún lugar no identificado ni referenciado, junto con otros compañeros de prisión (o batallón de trabajadores), posiblemente durante la "celebración" de la festividad de La Merced.

Fermín García Allende, cuarto por la derecha de la fila superior y con gafas negras, en algún lugar no identificado ni referenciado, junto con otros compañeros de prisión (o batallón de trabajadores), posiblemente durante la "celebración" de la festividad de La Merced.
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Tras su salida de prisión, Fermín se casó. Tuvo seis hijos, pero todos vinieron al mundo con grandes carencias. Dos de los chicos murieron siendo niños y el resto pasaron mucha hambre, ya que por su condición de expresidiario condenado a muerte, nadie se atrevía a darle trabajo. Para subsistir, Fermín compraba sacos de cortezas de cerdo y se dedicaba a venderlas por los bares. Con el tiempo consiguió un empleo de camarero, trabajando muchos años en el Café de Oriente (Atocha) y en el Café del Prado (C/Prado, esquina a C/León) en Madrid. Tras muchos esfuerzos para intentar obtener el permiso de las autoridades policiales franquistas, fue autorizado a emigrar a Alemania en 1962. Allí reanudó su militancia en la CNT del exilio, y en 1965 consiguió el reagrupamiento familiar, gracias al cual pudo educar a sus hijos en el respeto y en el compromiso por la libertad y por la sociedad. Jubilado en 1980, Fermín regresó a España, poniendo fin a su exilio económico y personal. Su conciencia y su ideología fueron anarquistas hasta el final de sus días, hecho que se produjo en noviembre de 1.996.

Las fotografías y los datos biográficos de esta entrada han sido remitidos a este blog de “Todos los Rostros” por su hijo Mariano García, el cual regresó a España del exilio económico familiar en el año 1982. Las imágenes y los textos que nos ha facilitado son buena muestra de los muchos años de penalidades y sufrimientos de su padre. Con ello, Mariano –y el autor de este blog— desean que su publicación sirva como justo homenaje e imborrable recuerdo de la recuperación de la dignidad y de la memoria de Fermín García Allende, idealista y anarquista español.