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domingo, 2 de agosto de 2015

Ametrallan la iglesia, las ventanas, las puertas y cualquier rendija por donde pudiéramos escapar. Y ninguno sobrevivimos: La Memoria al servicio de la Justicia. Día 213


Es hoy cuando se cumple mi inexorable sentencia. Y la de los míos. Creíamos haberla evitado cuando nos fugábamos frente a los fascistas al entrar éstos en Santander o cuando lo hacían en Bilbao, o cuando casi a galope tendido nos adentramos en Francia y marchamos al norte, huyendo de los franquistas en España y de los alemanes en Francia. Porque hasta hoy, hasta hace unas pocas semanas, siempre estábamos huyendo. Desde hace siete años, siempre, hasta terminar aquí. Unos salíamos de España en el 37 desde el País Vasco, otros al año siguiente y otros al caer Cataluña y ser entregada Madrid por los casadistas a los fascistas en 1939. Hemos conocido las columnas de refugiados de Le Perthus al cruzar la raya, la mirada hosca de sus aduaneros, los campos de concentración en las arenas de las playas, el "allez, allez" de los senegaleses, la separación familiar en internamientos distintos, los meses de lejanía y el dificil reagrupamiento posterior. Cada una de nuestras familias españolas tiene una historia distinta, pura zozobra, pero a todas nos une el mismo nexo en común: el exilio como origen, Oradour-sur-Glane como destino y acogida, en el Lemosin, dentro de la zona controlada por el gobierno de Vichy.

Refugiados españoles reciben asistencia de la gendarmería francesa. 28 enero 1939. Fuente. Cervantesvirtual.com

Tras la natural prevención previa, sus vecinos nos han acogido con generosidad, como al resto de los cientos de refugiados que aquí nos concentramos: pensionistas y refugiados de clases acomodadas, niños originarios del Mediodía y los Pirineos, familias de la Provenza, loreneses, alsacianos, judíos y españoles. Los hispanos somos una veintena: la familia Lorente (Antonia, Francisco y Nuria); la familia Serrano (Francisco José, María, Armonia, Asther y Paquita); las huérfanas Massachs (Emilia y Angelina); las mujeres Gil-Espinosa (Carmen, Francisca madre, Pilar y Francisca hija); los Tellez (Juan, Marina, Michel, Armonia y Filiberto), Ramona Domínguez y algunos más de quien me olvido. Tras tanto años de miedo y desazón, creíamos haber alcanzado la tan añorada paz, pero hoy para nuestra sorpresa se han presentado en Oradour los soldados alemanes: decena de vehículos, de ellos tres camiones y dos blindados semiorugas de la 3.ª Compañía del 1.er Batallón del Regimiento Der Führer de la División SSDan Reich del Waffen SS del III Reich.  Han remontado desde la carretera que viene de Limoges. Los soldados vestidos de camuflage se han desplegado por el pueblo, mientras los dos semiorugas se han situado frente a la iglesia. Vienen buscado guerrilleros del maquis, nos dicen. Traen cogido del cuello al panadero, aún soltando polvo de harina a cada paso, y varios vecinos en salto de cama. Utilizan intérpretes para convocarnos y acusar a todo el pueblo de colaborar con la guerrilla. Nos obligan a agruparnos a todos, hombres, mujeres, niños y niñas, ancianos. Por lo que cuentan al alcalde, buscan depósitos de armas y explosivos de la resistencia. Alguno cree que estos bárbaros quieren encontrar a los asesinos de un capitán de las SS muerto muy lejos de aquí. Pero como no los hallan, por las trazas pretenden los nazis diezmarnos y hacer escabechina de nosotros. Exigen 30 rehenes y cuando nuestro alcalde se opone, nos separan: los hombres a un lado. Las mujeres y niños al otro, camino de la iglesia. Cuando los niños y mujeres están todos enclaustrados en la iglesia, explota una bomba de humo y estalla el pánico.


Fragmentos de cuerpos de mujeres y niños, rescatados de las ruinas d la iglesia de Oradour tras ser ametrallada y bombardeada por los SS nazis. Fuente: www.quaerendo-invenietis com

Y entonces, un bárbaro SS comienza a ametrallar a las mujeres y niños que quieren salir a toda costa de una iglesia repleta de pavor y de caos. Y a un sólo bárbaro le secundan cientos. Todos ametrallan la iglesia, las ventanas, las puertas y cualquier rendija por donde pudiéramos escapar. Y ninguno sobrevivimos. Tod@s morimos. Tod@s. 245 mujeres, 207 niños, todos asesinados por las SS, a tiros, con granadas, fuego y sangre. Todos, incluidos los niños y mujeres españoles. Sólo sobrevive una mujer, la señora Rouffanche que escapa por una ventana. Pero todos los niños y niñas, todas las mujeres y ancianas, todos las vecinos de Oradour, niños y mujeres son masacrados en la iglesia. Y a la vez, los hombres son ametrallados y asesinados en los caminos de salida del pueblo. Franceses, alsacianos, loreneses, judíos, españoles, todos muertos. Todos.


25 de agosto 1944. Vecinos de Oradour, asesinados por los nazis. Fuente: proeso.com.mx

Esta historia no tiene ningún final feliz. Ninguno. No hay moraleja. Ninguno sobrevivimos, a excepción de Rouffanche, que hará de testigo. Pero todos los demás morimos asesinados. 642 personas asesinadas. Con los años, Rouffanche cumple su función y testimonia, pero nada cambia. Tras la victoria de las democracias frente a las fuerzas del Eje, en 1953 se juzga a algunos de los supuestos culpables, 65 filiaciones de Waffen SS, de los que sólo 21 son presenciales y 44 lo son en rebeldía. Dos penas de muerte y varias de años prolongados de cárcel, pero ninguna condena se ejecuta. Con las reformas legales de aquel año francés, la mayoría es amnistiada. Las penas de muerte son conmutadas por cadenas perpetuas y al poco canjeadas por libertad condicional en 1959. Los que reciben penas menores salen antes, y los condenados en rebeldía vagan por Francia y Alemania impunemente, sin reparo ni responsabilidad alguna. En 1944, nos asesinaron, a 642 personas, 20 de ellos españoles. En 1959, nadie penaba prisión por ello. NADIE. Historia sin final feliz. Historia sin moraleja. Historia, en definitiva, sin justicia popular. Si la hubiera habido, los nazis encontrados responsables hubieran pagado de por vida sus culpas. Si yo hubiera sobrevivido, ellos no hubieran sobrevivido. Pero nosotros, 70 años después, aún seguimos esperando justicia. Vanamente.



 Placa con la relación incompleta de los españoles mártires en Oradour. Fuente: https://memoriaguadalajara.wordpress.com/

Calles de la ciudad mártir de Orador-sur-Glane, preservadas como monumento a la Memoria de los mártires. Fuentes: commons.wikimedia.org, wikimedia.es y www.francethisway.com


Calles de la ciudad mártir de Orador-sur-Glane, preservadas como monumento a la Memoria de los mártires. Fuentes: kooxproductions.com y www.skyscrapercity com

lunes, 29 de junio de 2015

Los rostros de 6 españoles juzgados y 2 ejecutados ahorcados por colaborar con los nazis en Mauthausen/Gusen y Francia: La Memoria al servicio de la Justicia. Día 180

En nuestra condición de víctimas primordiales de la manipulación, quizás seamos los españoles los europeos más conscientes de cómo la Verdad oficial es dictada por los vencedores. Y si entre esos españoles se encuentran también algunos lectores de Orwell, son éstos quienes mas certeramente perciben --merced a su inmersión en "1984"-- que la Historia oficial la reescriben los poderosos, manipulando y destruyendo libros, fotografías y periódicos para hacer coincidir la reminiscencia del pasado con la versión oficial de la Historia impuesta por la inteligenzza del Estado. Así fue en este solar patrio de recias raigambres (¡menuda jerga cuartelera!) y también en todo el orbe. La liquidación a mansalva de más de 200.000 opositores, el encarcelamiento de más de medio millón y el exterminio de la intelectualidad y del pensamiento libre forzando su desaparición o su exilio permitió a los fascistas liquidar la memoria del pasado, reconstruir los recuerdos y urdir fantasías sobre delitos ajenos y méritos propios que justificaran los crímenes de lesa Humanidad que cometieron los traidores armados al servicio de la oligarquía.

¿Y qué ocurrió en el teatro bélico de Europa? La victoria de los aliados sobre los bárbaros nazis expuso a la curiosidad pública y al espanto universal las atrocidades cometidas por los salvajes hitlerianos y por sus aliados de todo pelaje, incluídos Franco, su Falange Española, sus militares africanistas y demás subgéneros.


Todas estas imágenes han sido tomadas en Mauthausen. En ellas vemos fundamentalmente seres humanos, personas inermes, yertas, exterminadas por alimañas. Muchos de los que aquí contemplas son españoles, declarados por el asesino Franco como apátridas y liquidables por su compadre Hitler. Y a fe mía que el austriaco se tomó el encargo del hispano al pie de la letra.

En Nüremberg, Dachau y en mil tribunales y patíbulos dispersos por el continente se sucedieron decenas de miles de actos de justicia, que condenaron a penas muy diversas a los ejecutores y a los padres intelectuales de la barbarie. En la mayoría de los casos, los y las responsables de los desmanes vividos en Dachau, Auschwitz o Mauthausen, por ejemplo, fueron apresados durante los años 1945 y 1946, juzgados y para escarmiento de generaciones futuras, ejecutados o penados con sentencias de por vida o por varias décadas.



Juicio a los responsables de Mauthausen
 
El destino de los guardianes de Mauthausen fue aleccionador, casi edificante:


Hans Altfuldisch : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
Stefan Barczey : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947.
Karl Billmann : Pena de muerte conmutada por prisión perpetua. August Blei : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
Willy Brünning : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947.
Michael Cserny : Prisión perpetua.
Hans Diehl : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
Ludwig Dörr : Pena de muerte conmutada por prisión perpetua.
Otto Drabeck : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947.
 
Willy Eckert : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947. 
August Eigruber : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
Heinrich Eocene : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947. 
SS Dr Friedrich - Karl Entress : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
Kapo Rudolf Fiegl : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947. 
Heinrich Fitschok : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947.
Kapo Willy Frey :  Pena de muerte ejecutada el  28 Mayo 1947.
Heinrich Giese : Pena de muerte conmutada por prisión perpetua.
Georg Gössl : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947. 
Werner Grahn : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
Johannes Grimm : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
Herbert Grzybowski : Pena de muerte conmutada por prisión perpetua. 
Paul Gützlaff : Prisión perpetua.
Heinrich Häger : Pena de muerte ejecutada el  27 Mayo 1947.
 
Hans Hegenscheidt : Pena de muerte ejecutada el  27 Mayo 1947. 
Wilhelm Henkel : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947. 
Walter Höhler : Pena de muerte conmutada por prisión perpetua.
Franz Huber : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
SS Dr Willy Jobst : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
Paul Kaiser : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
Anton Kaufmann : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947.
Franz Kautny : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947. 
Kurt Keilwitz : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947.
Kaspar Klimowitsch : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
Viktor Korger : Pena de muerte conmutada por prisión perpetua.
SS Dr Eduard Krebsbach : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
Gustav Kreindl : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947.
Ferdinand Lappert : Pena de muerte conmutada por prisión perpetua.
Josef Leeb : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947.
Julius Ludolf : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947. 
Wilhelm Mack : Pena de muerte conmutada por prisión perpetua.
Josef Mayoer : Prisión perpetua. 
Erich Meissner : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947. 
Emil Müller : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947. 
Wilhelm Müller : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
Rudolf Mynzak : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947.
Josef Niedermayoer : Pena de muerte ejecutada el  28 Mayo 1947. 
Vincenz Nohel : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947. 
Theophil Priebei : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947. 
Hermann Pribyll : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
Josef Riedler : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947.
Adolf Rutka : Pena de muerte conmutada por prisión perpetua. 
Thomas Sigmund : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947.
Hans Spatzenneger : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947.
Otto Striegel : Pena de muerte ejecutada el 20 June 1947.
Karl Struller : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947. 
Leopold Trauner : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947. 
Andreas Trumm : Pena de muerte ejecutada el  28 Mayo 1947. 
SS Dr Erich Wasitzky (Wasicky) : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
SS Dr Waldemar Wolter : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947. 
Viktor Zoller : Pena de muerte ejecutada el 28 Mayo 1947.
Adolf Zutter : Pena de muerte ejecutada el 27 Mayo 1947.

Estos actos de justicia tendieron a ser recomendables y ejemplarizantes, pero en muchos casos se resumieron en absoluciones o condenas casi ridículas, rebajadas o conmutadas al cabo de pocos años, como las de Krupp, Dönitz, Speer, von Pappen y otros grandes jerarcas.

Pero también hubo muchos que fueron injustamente incriminados, negligentemente juzgados e injustificadamente condenados, por errores de procedimiento o por estar basadas las acusaciones en falsedades o supuestas culpabilidades cuestionables. Tal fue el caso de un presunto colaboracionista español en Francia y de cinco presos republicanos españoles de Mauthausen, apresados por los aliados al acabar la guerra. Sus filiaciones fueron las de José Palleja, Indalecio González González, Laureano Navas García, Moisés Fernández Pascual, Joaquín Espinosa Muñoz y Domingo Félez Burriel y su historia estuvo unida durante más de una década por su fidelidad a la República y por los sinsabores, algunos letales, que esta lealtad les ocasionó.



Los cinco españoles de Gusen/Mauthausen

El primero, el catalán José Palleja (conocido por El Negus) había sido acusado por el resistente Jean Laffitte de mil y un delitos por los que compareció ante un tribunal militar en Toulouse el 11 de marzo de 1947.

El asturiano Indalecio González González era de La Franca (Ribadedeva). Antes de ser capitán en el Ejército republicano y de ser capturado por los alemanes en la Francia derrotada de 1940, Indalecio, apodado "Asturias", había sido minero en España y «quizá por eso [los nazis] le pusieron al frente del comando encargado de abrir los túneles para hacer una fábrica de aviones». Aparentemente y según la declaración de testigos, en Gusen, campo auxiliar de Mauthausen, Indalecio fue nombrado jefe de 14 kapos principales, entre 40 y 50 kapos asistentes y 1.600 presos. «Un testigo señala que golpeaba a los presos con los puños, un garrote y una manguera; que a principios de 1945 golpeó a un preso francés hasta la muerte. Otro, que vio al acusado pegar a un preso polaco hasta que murió, que vio cómo el cuerpo era llevado hasta el crematorio; que siete presos fueron asesinados en 1944 al ser arrojados a una letrina llena de excrementos; que vio al acusado empujar a dos de las víctimas y extraer todos los cuerpos al otro día. Un tercer testigo indica que en septiembre u octubre de 1944 le vio golpear hasta la muerte a un preso llamado Zyrlich, y cómo mataba a un preso polaco con una estaca. Otro testigo le vio matar a un preso judío polaco con una pala», reseñaba el fiscal en su escrito de acusación.

Por su parte, Laureano Navas, de Nava de Quirós, había sido estudiante de Química en Oviedo, había militado en el EPR y tras la derrota y la Retirada, había llegado a teniente del Ejército francés. Fue acusado de crímenes cometidos en Mauthausen y Gusen.

Domingo Félez (en otros textos conocido como Féliz Domingo Burriel, El Loco), turolense y aragonés de Alcorisa, había supervivido a las batallas en aquellas batallas españolas, pudiendo escapar a Francia, pero fue apresado y recluido por los nazis durante más de cuatro años. Su oficio  y destino como kapo de cocina (falso) en Gusen y como barbero en Wierner-Neudorft fue determinante para ser acusado de colaborador de los nazis y de participar en la selección de 180 presos para las cámaras de gas fue determinante para ser inculpado.



Laureano Navas, fotografiado en 1938

También Moisés Fernández Pascual fue acusado de crímenes cometidos en el Hauptlager, Gusen y Steyr
 

Por último, Joaquín Espinosa Muñoz fue imputado por crímenes aparentemente cometidos en Ebensee.

Los seis dieron con sus huesos en las cárceles, fueron juzgados y condenados. Jose Palleja, a muerte, sentencia que fue cumplidamente ejecutada. Indalecio González fue condenado a muerte en uno de los juicios celebrados en Dachau por los norteamericanos entre noviembre de 1945 y agosto de 1948. En febrero de 1949 fue ahorcado en la fortaleza de Landsberg. Laureano fue condenado a cadena perpetua, pero su caso fue revisado en 1948 y su pena fue conmutada por seis años al demostrarse la no fiabilidad de sus acusadores. Félix Domingo (Domingo Félez) fue primero condenado a dos años de prisión y después absuelto.  Moisés Fernández Pascual recibió una condena de veinte años (otras fuentes dice que a quince). Y Joaquín Espinosa Muñoz fue condenado a tres años.

Pero con el transcurso de los años, la Verdad reverenciada impuesta por los vencedores, la Historia incuestionada reescrita por los poderosos demostró tener fisuras o ser incluso contraria a la realidad y a la Justicia. Ya de partida, "el tribunal militar en Dachau estableció un principio conocido como "apreciaciones especiales" por el cual el personal de Mauthausen, cualquiera fuera su cargo u oficio, era considerado culpable de cometer crímenes de guerra. Un principio que violaba el derecho a la presunción de la inocencia e igualaba la carga penal de un SS a la del resto del personal del campo", fuera barbero o pinche de cocina. Además, y a diferencia de los acusados nazis, que recibieron alojamientos cómodos, buena alimentación y contaron con la asistencia de intérpretes y letrados de defensa a libre voluntad, los españoles de Gusen/Mauthausen fueron apartados y maltratados, no tuvieron intérprete alguno a su disposición, sus defensas fueron negligentes y fueron identificados y acusados por testigos profesionales de una manera ambigua y difusa, testigos que además eran mantenidos a sueldo e incentivados con alojamientos dispendiosos por los acusadores estadounidenses. Y para más inri, en el caso de Indalecio González, el cual "sólo reconocía haber golpeado a algún preso con las manos, por robar, otros testigos como Schulz, Weithofer y Kansmayer indicaron que nunca le habían visto golpear a nadie, aunque uno de ellos sí dijo que otros presos lo comentaban".

Y así, se concluía que los supuestos crímenes de González nunca fueron demostrados, como tampoco los de los demás presos españoles. Sin embargo, González fue condenado a morir en la horca. Para impedirlo, ministros y políticos de la República en el exilio, la Liga de los Derechos del Hombre, un pastor protestante, un abogado alemán y un ministro guatemalteco pidieron clemencia al general Lucius Clay, gobernador estadounidense de Alemania. La esposa de González, con la que tenía un hijo pequeño, llegó a escribir al presidente Truman. Pero no sirvió de nada. Indalecio González González fue ahorcado el 2 de febrero de 1949, en el mismo castillo, prisión militar, en el que Hitler escribio enclaustrado su terrible "Mein Kamp".

Indalecio González González, instantes antes de ser ahorcado por sus acusadores e injustos jueces norteamericanos.

En 2010, un superviviente valenciano de Mauthausen, Luis Estañ (¿Estany?), ya fallecido, aseguró que González le había salvado la vida al apartarle de un grupo de presos que fueron arrojados a un barranco por los SS.
 
Post scriptum: Espero que sepáis disculparme por no hacer más juicios de valor y no indagar aún más. Todo lo que rodea esta historia, sus textos y sus fotos, me repugna y al escribirla es inevitable salir tocado por su horror. Muchos de los datos proceden de La Nueva España lne.es, sobre un artículo publicado para ilustrar la obra centrada en los españoles juzgados tras el holocusto, de la socióloga y periodista venezolana de origen español Laura S. Leret, nieta del capitán de aviación Virgilio Leret, el primer oficial republicano fusilado por los franquistas en julio del 36 en Melilla. He aportado datos procedentes del libro del historiador David W. Pike, «Españoles en el Holocausto». La fuente de otros textos y fotografías es diversa, si bien en general proceden de EL PAIS, elholocausto.net, forosegundaguerra.com, memoriablau.foros.ws y nodo50.org/despage/Nuestra%20Historia/exilio/Domingo%20Felez/domingo_felez.htm.

sábado, 27 de junio de 2015

Jugar al fútbol para no ser asesinado: La Memoria al servicio de la Justicia. Día 178

Como en los campos nazis, quienes en las cárceles franquistas articulaban los raquíticos aparatos de las organizaciones clandestinas de presos también ambicionaban el acceso de sus miembros a destinos y oficios varios en el interior de los centros. Eran trabajos específicos y casi exclusivos que gozaban de un cierto aunque dispar grado de confianza entre las autoridades penitenciarias franquistas. Directores, jefes, guardias y sacerdotes tenían bajo sus órdenes a presos republicanos que hacían las veces de monaguillos, coreutas, actores de teatro, pinches de cocina, sanitarios, músicos de la banda... De los oficios, los más codiciados entre los reclusos eran los de cocinero y pinche. El cocinar y servir el rancho para los demás aumentaba en algo las posibilidades de supervivencia del preso, por el alimento que pudiera ingerir subrepticiamente. Además, los prisioneros destinados entre fogones, con cierta facilidad podían sisar, y de hecho sisaban, cantidades pequeñas pero apreciables de pan y otros víveres, para hacerlos llegar a los comités de resistencia de cara a su reparto a los más necesitados. Pero los furtivos comités de los partidos ponían sobre todo sus esperanzas en los escribientes. Favorecían que los más afines fueran los elegidos como presos oficinistas. Y desde los despachos, los prisioneros accedían a información que no estaba al alcance de los demás. Escuchaban el parte radiofónico y leían los papeles periódicos para seguir la evolución de los frentes en la Segunda Guerra Mundial, atendían la correspondencia, recibían y gestionaban oficios y completaban expedientes penitenciarios con avales y testimonios. En numerosas ocasiones y poniendo en peligro su frágil presente y su incierto futuro, destruían documentos y cartas acusatorias que incriminaban gravísimamente a compañeros a los que a buen seguro las delaciones les hubieran ocasionado mayores penas o la muerte.

También el fútbol era algo más que una distracción en las carceles franquistas. Ocasionalmente y con varias semanas de antelación a fechas señaladas como el día de La Merced, patrona de los presos, el día de Reyes o las fiestas patronales de la ciudad en la que estaba radicado el centro penitenciario, los directores organizaban campeonatos internos y permitían que los futbolistas salieran con mayor frecuencia que los demás presos a los patios para entrenar y que recibieran raciones extras del exiguo rancho para atender la exigencia física que provocaba el deporte. Guarda "Todos los Rostros" entre sus páginas muchas fotografías de estos encuentros "deportivos".

En los campos de exterminio nazi, y Mauthausen fue un ejemplo de esta práctica, los feroces guardianes creaban equipos compuestos por prisioneros de la misma nacionalidad para que compitieran con los formados por naturales de otros países. Pruritos personales, orgullos desmedidos, apuestas encubiertas..., los motivos de los nazis podían ser muchos. También los deportados españoles en aquel campo de concentración austriaco tuvieron una selección del país, del mismo país que los había declarado apátridas y liquidables. Uno de los prisioneros del equipo español fue el burgalés Saturnino Navazo. Navazo era "futbolista profesional, jugó en los años 30 en la Segunda División española como centrocampista del Deportivo Nacional, el tercer equipo de Madrid y se había alistado en el Ejército Republicano. Al finalizar la guerra se refugia en Francia [...] hasta que cae prisionero de los nazis, que lo deportan" a Mauthausen. Al llegar al campo, Navazo es inmediatamente reconocido por propios y algún que otro extraño y se le encomienda la organización de torneos y la selección del equipo de españoles. Además, aprovecha esa posicion de privilegio para ser nombrado kappo del barracón y trabajar en las cocinas, mondando patatas y hurtando peladuras y alimentos que repartía entre los compañeros de la barraca.


 De pie y a la derecha, Saturnino Navazo con el equipo de españoles de Mauthausen

A la izquierda y con gorra, Saturnino Navazo, en 1945, justo tras la liberación del campo de Mauthausen. Junto a él, el niño judio Siegfried Meir, al que salvó la vida.

Saturnino Navazo salvó su vida, y también la de muchos de las personas a las que protegió, entre ellos la de un niño judio al que acogió. Su historia puede leerse en http://www.elbierzonoticias.com/frontend/bierzo/Goles-Entre-Las-Alambradas-De-Mauthausen-impn11393-vst306 . Mi homenaje para el superviviente Navazo y para tantos valientes que allí quedaron.

jueves, 7 de mayo de 2015

Unos tan admirados, otros tan poco recordados: La Memoria al servicio de la Justicia. Día 127.

Estas son las fotos. Las tomó Joe Rosenthal en la cumbre del monte Suribachi, en la isla japonesa de Iwo Jima. Los americanos no habían liquidado aún la resistencia japonesa, pero conquistar a sangre y fuego la cima al coste de miles de vidas sirvió para dar mayor verosimilitud a esta escenificación visual de la victoria y convirtió la imagen del izado de la bandera estadounidense en un icono universal e histórico, representativo desde entonces del poderío militar y económico del país que todavía rige los destinos del planeta.

Lo sabemos todo de los acontecimientos que acabaron por plasmarse en las imágenes. Cuándo se tomaron, quiénes fueron sus protagonistas, cuánto debieron sacrificar para someter a sus enemigos... En varios intentos sucesivos y pautados, seis soldados colaboraron con el fotógrafo para dramatizar el enarbolado coral de la enseña. Fechas después, tres de ellos murieron tras posar para la imagen. Otro fue herido gravemente. Y la fotografía impostada se convirtió en un símbolo imperecedero de la propaganda de guerra y de postguerra.



Curioso resulta entonces, más bien indignante, que sepamos tanto de aquellos soldados tan ajenos a nosotros y que apenas conozcamos nada de los cientos de miles de españoles que deambularon por Europa después de ser derrotados por las bestias fascistas. Muchos regresaron a España engañados por las falsarias promesas de perdón del sanguinario general Franco. Pero cientos de miles quedaron en Francia o marcharon al exilio de México, Venezuela, Argentina, Chile... Entre 30 y 50.000 engrosaron y lideraron la resistencia gala contra los hitlerianos. Decenas de miles fueron apresados por los nazis y unos 10.000, masacrados en sus campos de exterminio. Uno de ellos, Mauthausen. En esta instalación austriaca, los bárbaros torturaron, maltrataron, obligaron a los prisioneros a acarrear grandes piedras por los 186 peldaños de la escalera de la muerte y causaron la muerte de unos 8.000 hispanos. En las fotos, vemos algunas de las imágenes de la liberación, realizadas probablemente por el preso y fotógrafo español Francisco Boix. Son archiconocidas. Los prisioneros españoles reciben tumultuosamente a las tropas americanas y saludan su presencia con un pancarta que desvela su organización antifascista y su consistencia política; otros se hacen con armas para protegerse del posible retorno de sus terribles guardianes; otros regresan con camiones a Linz... Pero la imagen que más me inquieta es aquella en la que, como en Iwo Jima, un grupo de presos colabora colectivamente, en este caso para la demolición del aguila nazi que preside una de las puertas. A diferencia de los figurantes en el icono militarista americano, nada sabemos de los deportados que voluntariosamente derriban el aguilucho alemán, ellos, ni su nacionalidad aunue los intuimos españoles, ni sus vicisitudes hasta sobrevivir para ver aquel día, ni su destino final. ¿De cuántos de los supervivientes y de los asesinados perdió la Historia por siempre toda memoria y rastro?

  

Hoy, los americanos homenajean a sus marines con un masivo monumento conmemorativo de la histórica fotografía de Iwo Jima sito a las afuerzas del Cementerio Nacional de Arlington, en Virginia (USA). Nosotros, en esta egoista y desmemoriada España, nada queremos saber de nuestros mayores e incluso renegamos de sus vidas, de sus ejemplo y de sus ideas.