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jueves, 28 de marzo de 2013

Los Niños de la Guerra y el Vals nº 2 de Shostakovich


Es la Vida un laberíntico río sinuoso. Cada uno de los traicioneros hitos que conforman nuestro arriesgado transcurrir por él --nacimiento, romances, madurez, muerte-- serpentean durante su quebrado curso como impredecibles meandros, imposibles de sortear. Si no queremos encallar entre los estancados lodos de las riberas, si optamos por someternos para seguir formando parte de su torrente, debemos claudicar ante la tiranía de la inexorable fatalidad del río de la vida y dejarnos llevar. Entre deleites varios, labramos, luchamos y penamos. Inevitablemente. Pero es cuando vislumbramos el final que se acerca, al hallarnos próximos a la inminente desembocadura en el vacío infinito de los océanos del Tiempo, cuando nos dejamos arrebatar por el pánico a diluirnos en la Nada. Es entonces cuando la caprichosa arbitrariedad del río de la Vida suele prevalecer sobre nuestra incierta voluntad. Y en un segundo, su cauce puede borrar nuestras huellas del presente y eliminar nuestro recuerdo en el futuro.

Para paliar nuestro desconcierto y evitar esa derrota, el único consuelo que nos resta es lograr que nuestra transcendencia no sea efímera; crear el portentoso refugio de una artificiosa isla para que todos los que tras nosotros vengan se pregunten con asombro por su pasmosa autoría; erigir efímeras prominencias entre la corriente con la esperanza de que cuantos deban ceñirse a ellas para seguir surcando la torrentera eleven una plegaria en nuestro nombre; construir presas, desembarcaderos y puentes que alivien a los viajeros futuros de sus calamidades... Y este es el exclusivo propósito, la  singular justificación de la existencia de esta página “Todos los Rostros”: caracterizar las vidas de los que nos precedieron en la defensa de la Libertad, describir sus rasgos vitales, acentuar sus perfiles desdibujados hoy por la desidia y el olvido, rejuvenecer las facciones de sus ajadas caras, mitigar nuestro dolor por su perdida, no olvidar, no perdonar. Y exigir toda la Verdad, toda la Justicia y toda la Reparación que demandan los daños causados.

Daños que vienen de lejos. Tanto que de algunos, su ignoto origen podemos comenzar a rastrearlo desde decenas de años atrás, en uno cualquiera de esos rumorosos y serpenteantes meandros del río de la Vida. Por ejemplo, cuando ex profeso o accidentalmente escuchamos una conocida pieza, el Vals nº 2 de la Suite Jazz nº 2. ¿Obra de quién? Supuestamente del ruso soviético Shostakovich.

Era Dimitri Shostakovich (Rusia, 1906-1975) un tipo puntilloso y detallista, casi hasta la nausea. Pura neurosis con patas. En su entorno, todo debía de ser extremadamente pulcro y estar cuidadosamente ordenado. Su casa estaba llena de relojes y todos debían marcar la misma hora y los mismos segundos con una rigurosa y precisa puntualidad, lo que hacía poco menos que la vida imposible a los que a su lado se encontraban. Hasta tal punto llegaba su obsesión por la exactitud, la disciplina y la minuciosidad en el cumplimiento de las normas, que acostumbraba a enviarse cartas a sí mismo con objeto de calibrar la bondad del servicio de correos soviético y denunciar públicamente sus supuestas carencias y errores. De Shostakovich corrían disparatados rumores, algunos de los cuales vinculaban el supuesto origen de sus obras a la presencia de un fragmento metálico de metralla en el cuerno inferior del ventrículo izquierdo de su cerebro, fragmento que al parecer Shostakovich se mostraba reacio a que le extirparan, ya que cada vez que inclinaba la cabeza hacia un lado creía oír algún tipo de melodía en su interior, que él se apresuraba a copiar en papel para utilizarla de base en sus composiciones. Antes de la invasión nazi a la Unión Soviética, antes de ser amparado por Stalin gracias a la composición de su pasmosa Sinfonía "Leningrado" (recomiendo, sobre todo su primer movimiento) en homenaje a los heroicos y esforzados defensores antihitlerianos, antes de ser repudiado por el líder debido a sus siguientes obras calificadas como burguesas o revisionistas, Shostakovich compuso en 1938 este maravilloso Vals nº 2 de la Suite Jazz nº 2 cuyo enlace os pongo aquí.


El pegadizo tema es muy conocido y ha sido utilizado como parte de  numerosas bandas sonoras de películas recientes (por ejemplo, Kubrick, con Nicole Kidman y Tom Cruise, en "Eyes Wide Shut").

Pero su secreto más chocante para nosotros no reside ahí: muchos, propios y foráneos, sostienen que Shostakovich podría haber plagiado la melodía tras haberla escuchado de labios de algunos de los más de tres mil niñas y niños de la guerra republicanos españoles, evacuados a Rusia desde marzo de 1937 para protegerlos de los efectos de los bombardeos fascistas sobre las ciudades leales a la República durante nuestra guerra civil de tres años, lo que no es improbable pues el genial compositor dedicó años más tarde, en 1956, varias canciones en homenaje a estos infantes, muchos de los cuales hubieron de quedarse definitivamente y de por vida en la Unión Soviética debido a la derrota del legal régimen constitucional republicano y a la muerte o asesinato de sus progenitores. La tragedia para ellos no terminó nunca. Pocos años después, muchos de ellos murieron como combatientes en la defensa de la Unión Soviética frente al asalto nazi.

¿De dónde copió Shostakovich su Vals? Pues de la popular canción española "Yo te daré ,Café", que se venía cantando por rondas, tunas, coros y charangas por las calles de la península ibérica desde finales del siglo XIX, muchos antes de que Shostakovich la asimilara descaradamente como propia. Ya en 1931 la vieja tonada popular en forma de vals --quizás de origen gallego, quizás castellano-- había cobrado nuevos bríos al ser interpretada y grabada por la canzonetista de varietés Paquita Robles Labastina, “La Pitusilla” en una versión orquestada por el maestro Araburu.  Llevada a Rusia por los niños madrileños, valencianos, vascos, catalanes y asturianos, la canción fue fagocitada por Shostakovich y regurgitada en forma del ya mencionado Vals número 2 de la suite nº 2 Jazz de 1938. Aquí os pongo un trocito de ese "Yo te daré", interpretado en este caso curiosamente por un coro aficionado francés frente a un establecimiento gabacho de venta y consumo de café torrefacto en el país vecino al mío.



En uno de esos giros insospechados, el río de la Vida y de la Historia nos lleva a un nuevo meandro, pues viajando hacia atrás en el tiempo y ya antes de que la canción fuera exportada en 1937 a Rusia por nuestros tristes exiliados infantiles, descubrimos que el tema fue utilizado por falangistas y militares conspiradores para darse ánimos y crear y cohesionar espíritu entre quienes tenían proyectado atentar contra la legalidad constitucional republicana. Así, desde su fundación los cuadros directivos y miembros de Falange Española la coreaban a voz en grito, terminando siempre el estribillo de forma retadora, estridente y críptica con la palabra “Café”:
 
”Yo te daré,
te daré, niña hermosa,
te daré una cosa,
una cosa que yo solo sé:
¡CAFÉ!”

El secreto de este misterioso entusiasmo  procedía del hecho de que la palabra CAFÉ era, y es, el acrónimo de “Camaradas, Arriba Falange Española”. Tal circunstancia, unida al hecho de que los militares africanistas participaban desde hace meses de la conjura contra el pueblo y la República, es lo que explica --por ejemplo-- que el “Yo te daré, Café” fuera también cantado desafiantemente durante la cena de despedida celebrada el 12 de julio de 1936 por los altos oficiales que –junto con 18.000 efectivos—habían participado en las maniobras  militares que se desarrollaron en el Llano Amarillo (cerca de Ceuta, en el valle del Ketama, Marruecos).

Hoy, 77 años después de aquella atrocidad fascista, casi nadie canta ya esa canción entre nosotros. Nos concentramos ante las pantallas planas, vemos fútbol, películas, series, manejamos compulsivamente móviles y dispositivos electrónicos, navegamos interminablemente por internet, no nos despegamos de las adictivas redes sociales. Nadie entona ya las viejas melodías y son pocos los que recuerdan que “Yo te daré, Café” sirvió para que unos conjurados manifestaran su complicidad y adhesión a la traición que ocasionó la muerte de 500.000 personas durante la guerra y de otras 200.000 asesinadas tras la Victoria de los criminales cantantes.

Pero en un nuevo y caprichoso meandro del río de la Vida, ¿el último?, hoy, en el 2013, los pocos supervivientes (octogenarios cuando menos) de aquellos niños y niñas de la guerra que no volvieron a España porque la abandonaron en forma de libérrima República y que no pudieron regresar a ella porque se había transmutado en un país esclavizado, están atravesando duras dificultades, achacables todas ellas al Gobierno del Partido Popular. Hasta ahora, los niños de la guerra expatriados desde 1936 venían manteniendo mediante subvenciones del Gobierno Español un Centro en Moscú. La subvención –complementada con las cuotas de los socios-- les permitía hacerse cargo de los gastos (120.000 rublos, unos 3.000 €uros al mes) de alquiler, electricidad, medios de comunicación, agua, calefacción central, etc., etc., de la Casa de los Niños de la Guerra Españoles en Rusia. Pero hoy, abandonados a su suerte por el cicatero e inmoral Gobierno del PP, los niños ya ancianos piden ayuda y socorro económico para impedir el cierre del Centro Español en Moscú, centro que asegura la cohesión de todos los españoles residentes en Rusia. Para ello, solicitan --según me transmiten-- el ingreso de donativos en las siguientes cuentas:

ONG "Centro para el Estudio de la cultura española"
DIRECCIÓN: 107031, Moscú, ul. Kuznetsk puente, 18/7
p / acc. 40703810600080000098 en OJSC "Banco de Moscú"
c / cq. 30101810500000000219
BIC 044525219
INN 7702334409
KPP 770749388
Pago: Donación. IVA

En nombre de los Niños de la Guerra que inspiraron el vals más conocido de Shostakovich, en nombre de sus padres y madres asesinados, engullidos y olvidados por el fascismo y las corrientes del Tiempo, en nombre de todos ellos, gracias por tu lectura y sobre todo gracias por tu contribución al sostenimiento del Centro Español de los Niños de la Guerra en Moscú.

A las Hermanas de Ultramar, que se afanan día tras día en luchar desde Chile contra la intolerancia de unos pocos. Mi homenaje para ellas.

(Más información sobre Dimitri Shostakovich, su vals nº 2 de la Suite Jazz nº 2 y "Yo te daré, Café", en el blog ANCHA ES MI CASA http://anchaesmicasa.wordpress.com/2010/10/29/shostakovich-el-vals-no-2-de-la-suite-de-jazz-no-2-y-una-coplilla/)