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miércoles, 3 de junio de 2015

Madrileños asesinados por los fascistas exigen saber "quién hizo a reyes, papas y regentes, árbitros de la ley, jueces del mundo": La memoria al servicio de la Justicia. Día 154

¿Quién hizo a reyes, papas y regentes
árbitros de la ley, jueces del mundo?
¿Quién ungió a esa ralea pestilente
con el óleo blasfemo de lo inmundo? (*)

Civiles asesinados por los fascistas como consecuencia de un bombardeo terrorista en Madrid (1936-1939). Fuente: Archivo General de la Administración y guerraenmadrid.blogspot.com.


(*) Supuesto fragmento de "Tiranía", obra del ficticio abate Salas Bringas Ponzano, aparentemente nacido en Siétamo, Huesca, España, 1740, poeta, libelista consumado y fugitivo de la Inquisición, pícaro hambriento, buscavidas, superviviente, quimérico revolucionario en Francia, irreal jacobino con Robespierre, compañero de Saint-Just. Sube al novelesco cadalso justo tras él y es guillotinado el 10 de Termidor (28 de julio) de 1794. Tomado en préstamo de "Hombres buenos" de Arturo Pérez Reverte. Alfaguara. 2015.

1 comentario:

Loam dijo...

¡Qué lástima! León Felipe

¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaran
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra en el puño de la espada!
Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!

[...]

¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!