



El avance de los golpistas sublevados, aunque lento, fue inexorable. Madrid, Teruel, Guadalajara, Brunete, el Ebro, Valsequillo-Peñarroya, Asturias, Bilbao, ..., sirvieron para frenar y contener a los franquistas, pero no para derrotarlos. Los vencedores de cada batalla creaban depósitos provisionales y campos de concentración, en los que acorralaban e interrogaban a los presos y les hacían una clasificación provisional. Del interrogatorio y de la clasificación preliminar dependía en buena medida la suerte final de los prisioneros. Muchos fueron asesinados o condenados a penas prolongadas porque en la clasificación provisional fueron clasificados dirctamente como desafectos, a la espera de que en los juicios (cuando éstos se producían) fueran condenados a muerte o a 30 años por auxilio o colaboración a la rebelión.
En las imágenes puede verse a un oficial franquista (en la segunda fotografía con pistola en la mano) y a sus auxiliares legionarios conduciendo e interrogando a una cuerda de presos (en sentido estricto), gudaris vascos prisioneros en el frente de Bilbao.















