Siguen este blog

Mostrando entradas con la etiqueta Millán Astray. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Millán Astray. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de julio de 2015

"¡¡Muera la Inteligencia!!". Y así fue. La mataron estos bárbaros. Pero Bluff les sobrevivió: La Memoria al servicio de la Justicia. Día 209

Efectivamente. Más que de augur en su archiconocida enganchada con el arrepentido Unamuno, Millán Astray oficia en Salamanca de habilidoso propagandista de la mortífera hoja de ruta redactada por el director Mola y explotada hasta la saciedad por Franco. El contrito don Miguel, el mismo que había servido de alimento espiritual para la rudimentaria ideología inspiradora de la sublevación, el mismo compungido rector de Salamanca que arremetía a mediados de los 30 contra el populacho y los nacionalismos centrífugos amunicionando conjuras y traiciones, el mismo que apoya el putsch desde sus inicios, el apologeta del golpe de timón contra la República se espanta ante la matanza de propios y extraños y estalla --ante la indignación de los matarifes-- lanzándoles su eterno "Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha". Pero la estremecedora réplica que le espeta el bárbaro tullido, su tétrico "¡Viva la Muerte, Muera la Inteligencia!" no es un exabrupto desafiante ni premonitorio; es sólo la expresión definitoria de un método. La perversa liturgia que define su ejecución se ha planificado desde hace años en complicidad con la curia, la nobleza, el gran capital y los aliados nazis y fascistas, los cuales la vienen practicando intramuros en Alemania o colonialmente en las planicies y laderas montañosas de Abisinia. Una palabra la resume: exterminio.


Y los demonios se hicieron los amos de la tierra. Fuente: www.jotdown es


Y es así: con objeto de retrotraer a la sociedad que sueña con ser libre al statu quo anterior a la República, sólo hay un camino, el exterminio. Como decía Mola, como decían Queipo y Franco, hay que amedrentar, hay que aterrorizar no sólo a los resistentes sino a todos aquellos que puedan suponer en el futuro una amenaza para el retorno del viejo Orden estamental. Y así, todos, todos los militares y guardias opuestos de palabra al golpe son asesinados; todos, todos los concejales y alcaldes frentepopulistas de las ciudades y pueblos conquistados son liquidados; todos, todos los militantes de partidos y sindicatos que han mostrado resistencia, incluso con una simple huelga de brazos caídos, son exterminados. 75 años después parece difícil de creer. Algún iletrado me acusará de manipulador, pero éstas son expresiones literales tomadas de bandos de guerra, instrucciones reservadas, discursos patrióticos y soflamas radiofónicas de Jefes y jefecillos. Y qué mejor que continuar el genocidio en los intelectuales que han subvertido el divino orden natural: poetas, escritores, dramaturgos, músicos, actores, pintores, escultores, cartelistas, caricaturistas, dibujantes, periodistas, ensayistas, profesores, maestros, catedráticos... Como cientos de miles de españoles, también son aniquilados miles de intelectuales. A resultas del terror sembrado, muchos escapan al exilio para no volver, para morir allí o para regresar al cabo de mucho años:  Julián de Ajuriaguerra; Rafael Alberti; María Teresa León; Max Aub; Francisco Ayala; Arturo Barea; Corpus Barga; José Bergamín; Luis Buñuel; León Felipe; Pau Casals; Américo Castro; Luis Cernuda; Pompeu Fabra; Ramón Gómez de la Serna; Jorge Gillén; Pablo Picasso; Salvador de Madariaga; Clara Campoamor; Ramón Gaya; Claudio Sánchez Albornoz; Pedro Salinas; Juan Ramón Jiménez; Ramón J. Sénder; Alejandro Casona; María Zambrano...


Dalí, José Moreno Villa, Buñuel, Lorca y José Antonio Rubio. Madrid, mayo 1926. Fuente: EL PAIS

Otros muchos, alguno quizás simpatizante como Unamuno con el movimiento supuestamente renovador y otros manifiestamente contrarios a los sublevados y represaliados por ello, todos igualmente espantados ante tanta muerte, no osan moverse de España, se refugian en sí mismos, amurallan sus debilidades y se aislan por décadas, bastantes hasta su propio final. Vicente Aleixandre; Antonio Buero Vallejo; Salvador Espriú; Rosa Chacel; Josep Pla; Ortega y Gasset; Menendez Pidal; Pío Baroja... y un sin fin de escritores, pintores, escultores y músicos desubicados que se enclaustran en su propio exilio interior.

La coartada del tiránico régimen para tanta exterminio es la ya sabida: las muertes de Calvo Sotelo, José Antonio, Muñoz Seca, Maeztu, Onésimo... Y aplicando el escalofriante ábaco multiplicador de Queipo, por cada uno de los prójimos caen diez de los ajenos, o cien. Así, el verbo de Millán Astray se hizo hombre y habitó entre nosotros. Fatalmente. Gran parte de la intelectualidad española es asesinada, repentina o lentamente:
Federico García Lorca en un barranco, Blas Infante en un solar,  Besteiro y Miguel Hernández en las cárceles, Antonio Machado en el exilio...



Homenaje a Luis Cernuda (sentado, al frente de la mesa) en Madrid, en abril de 1936. De pie, de izquierda a derecha, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Pablo Neruda, José Bergamín, Manuel Altolaguirre y María Teresa León. Fuente: http://www.geocities.ws/jacr282002/bachillerato_2/literatura_2_bac/tema_7/capilla_poetica_europa.jpg

...y
muchos, muchos más...:

- Leopoldo Alas Argüelles. Fusilado por ser hijo de Clarín. 20 de febrero de 1937.

- Ramón Acín. Pintor, dibujante, caricaturista, escultor, escritor, periodista y pedagogo revolucionario. Fusilado el 6 de agosto de 1936. Su mujer es fusilada el 23 del mismo mes y año.
- Lorenzo Aguirre Sánchez, Pintor y cartelista asesinado a garrote vil delante de todos sus compañeros en el patio de la cárcel de Porlier el 6 de octubre de 1942.

- Francisco Albiñana Corralé. Arquitecto, artista e intelectual, brutalmente mutilado y asesinado el 3 de octubre de 1936.

- José María Alvariño. Poeta y tipógrafo. Asesinado el 28 de octubre de 1936.

- Benigno Bejarano. Periodista y escritor, gaseado por los nazis en el campo de Salzgitter-Watenstedt ( Baja Sajonia, Alemania). Verano de 1944.
- Roberto Blanco Torres. Crítico de arte, poeta y periodista. Asesinado el 3 de octubre de 1936.

- Dr. Sadí de Buen Lozano. Eminente científico investigador de la malaria, lepra y paludismo de fama mundial. Fusilado el 3 de septiembre de 1936.

- Alfredo Cabello Gómez. Escritor, crítico de cine, periodista. Asesinado en 1939.

- Aurelio Cabrera Gallardo. Profesor, restaurador, pintor, escultor y arqueólogo de gran valía. Asesinado el 26 de noviembre de 1936.

- Pedro Campón Polo, Artista polifacético, literato, pintor, músico, en 1941 regresa a España. Detenido y preso en la cárcel de Ondarreta, muere de tuberculosis.

- Pablo Marcelino Martín González del Arco. Escritor, periodista y Catedrático de Física y Química. Fusilado el 26 de abril de 1940.
- Emiliano Barral. Escultor de enorme fama, maestro del realismo escultórico español. Asesinado el 21 de noviembre de 1936.

- Lorenzo Victoriano Aguirre Sánchez. Pintor, dibujante, caricaturista, escenógrafo, ilustrador y cartelista de enorme prestigio. Asesinado a garrote vil el 6 de octubre de 1942 en Porlier, obligando al resto de compañeros presos a asistir al asesinato de un rojo pervertido y falso artista.

- Lucas Castrillo Ortuoste. Dibujante y fotógrafo. Asesinado en junio de 1937.
- Camilo Buenaventura Díaz Baliño, Pintor, escenógrafo, muralista, dibujante, delineante, escritor. Asesinado el 14 de agosto de 1936.

- Luis Huici Fernández. Pintor, animador cultural e intelectual variopinto, con conocimientos de antropología, historia, filosofía, literatura, moda, dibujo y cine. Asesinado en 1936.

- Roberto Blanco Torres. Poeta, periodista, crítico de arte. Asesinado en octubre de 1936.
- Francisco Miguel Fernández Moratinos. Pintor, librero, promotor cultural y político, gran intelectual. Brutalmente torturado, mutilado y asesinado por falangistas el 28 de septiembre de 1936.

- Domingo López Torres. Pintor, escritor y poeta. Fusilado en 1937.
- Luis Ortiz Rosales. Dibujante, delineante, pintor, grafista. Murió en un campo de concentración fascista en 1937.

- Emilio García Noriega, Muñoz. Pintor, dibujante, caricaturista, escultor y actor de teatro. Asesinado en octubre de 1936, clavado en una alambrada.

- Antonio José Martínez Palacios. Compositor, músico, profesor e investigador musical. Detenido y fusilado en 1936. Su obra fue prohibida.

- Esteban Urkiaga Basaraz, Lauaxeta. Escritor, pensador, periodista y poeta en euskera. Fusilado el 25 de junio de 1937.

- Pedro Luis de Gálvez. Poeta y narrador. Artista y actor. Fusilado en Porlier el 20 de abril de 1940.

- José María Romero Martínez. Poeta, escritor y médico. Asesinado en 1936 por los fascistas.
- Joaquín Amigo. Escritor, dibujante, cartelista, Catedrático de Filosofía. Granadino y amigo de García Lorca. Fue asesinado en 1936.

- Vicent Miquel Carceller. Periodista y editor, detenido, torturado y asesinado el 28 de junio de 1940.

- Manuel Ciges Aparicio, escritor, periodista, crítico de arte, asesinado por dos pistoleros falangistas el 4 de agosto de 1936.

- Federico Luís Comps Sellés, Arquitecto, dibujante y artísta surrealista gráfico, fusilado por los falangistas el 27 de octubre de 1936.
- Baltasar González Fernández. Pintor, retratista, paisajista y libretista de zarzuela, fusilado por los falangistas el 18 de septiembre de 1936.

Y la Muerte de la Inteligencia continúa y se expande como una letal peste sin control. En marzo de 1939, falangistas y franquistas se frontan las manos cuando los italianos atrapan en el puerto de Alicante a los 20.000 republicanos que no pudieron huir en el Stanbrook. Allí hay alcaldes, gobernadores civiles, militares de alta graduación, comisarios, sindicalistas... e intelectuales. Muchos intelectuales. Después de pasar por el viacrucis de un infierno indescriptible --el Puerto, Los Almendros, Albatera...-- son encerrados en la prisión de Alicante, paseados por unos en cualquier cuneta, fusilados por otros en la capital o llevados al matadero de Paterna. Y cientos son encarcelados, juzgados y condenados a penas milenarias. Uno de ellos era el caricaturista Bluff, Carlos Gómez Carrera, padre de "El sargento Canuto, un soldado que es muy bruto".

Autocaricatura de Carlos Gomez Carrera, Bluff. 1930. Fuente: www.laopinioncoruna.es

Los delatores de los verdugos lo reconocen, los vengadores lo juzgan y la superchería judicial fascista lo condena a muerte. Por dibujar caricaturas antifranquistas. A morir, por dibujar. Nunca tan pequeña ofensa se castigó con tanta desmesura. Luego, la sentencia le es conmutada por la inmediata inferior y Bluff pasa automáticamente a cumplir 30 años en la prisión de Valencia. Para redimir la condena, desde principios de 1940 Bluff se acoge al sistema de Rendención de Penas por el Trabajo del Patronato implantado por Acción Católica bajo la batuta del padre jesuita Pérez del Pulgar y comienza a colaborar en la revista "Redención", instrumento mediático de sometimiento destinado a la humillación del rojo izquierdista. A pesar de ser obligatoria y más que recomendable la suscripción a la revista, los presos le vuelven la espalda por considerarla con razón un arma más del opresor, pero Bluff empieza a dibujar monos, tiras, viñetas y un nuevo personaje, "Don Canuto, ciudadano p[r]eso bruto", y gusta. Y un día, la dirección de Prisiones descubre que las suscripciones de reclusos han crecido repentinamente en un 100%. Y comienza a indagar hasta que de las pesquisas deduce que sólo hay un elemento perturbador que distorsiona su plan de dominio moral sobre los prisioneros: la doble lectura y los mensajes encubiertos que encierran las viñetas de Bluff.


Penúltima tira de Bluff publicada en "Redención" el 20 de abril de 1940. Fuente: feco-spain.blogspot.com.es

El slogan publicitario que una sombrerería hizo famoso para vender sus sombreros, induciendo a los compradores a adquirirlos para no ser tomados por rojos. Fuente: BNE.es


Y así, una semana, en la del penúltimo ejemplar en el que publica Carlos Gómez Cabrera, dibuja al desconcertado Don Canuto persiguiendo su sombrero arrebatado por el viento y descubriendo que hay miles de ellos tras un tapial. Y de ahí infieren que Bluff habla y refuerza la moral de los miles de rojos SIN SOMBRERO (tal como receta el lema publicitario) que siguen habitando las cárceles de este viejo y asustado país. Y a la siguiente semana, la última, los carniceros revientan al interpretar la última tira de pescadores embrollados como una alusión satírica a la pugna entre falangistas, tradicionalistas y franquistas por el Poder.

"Redención". 27 de abril de 1940. Fuente: feco-spain.blogspot.com.es

De forma inmediata, Bluff es apartado de la revista, maltratado, aislado, juzgado nuevamente y nuevamente condenado a muerte. Pero ahora sí es asesinado frente a un pelotón, en Paterna. El 28 de junio de 1940, la inteligencia de Bluff, la fina ironía de Carlos Gómez Cabrera, la sutileza de un intelectual al servicio altruista y generoso de la República española es acallada para siempre en asesinato alevoso, premeditado y deliberado, tras una descarga de fusilería, tras un tiro de gracia a manos de un esbirro cómplice que no puede evitar sin embargo que 75 años después el humor, la imaginación y la chispa de la Inteligencia al servicio de la Justicia sigan transpasando la frontera del Tiempo y de la Memoria. A pesar de Millán Astray.


Carlos Gómez Cabrera, Bluff, asesinado el 28 de junio de 1940. En la imagen, junto a su esposa María del Coro y su hija Olivia. Fuente: feco-spain.blogspot.com es

miércoles, 15 de octubre de 2008

Hablan los asesinos:

Al contrario de lo que postulaban y defendían los golpistas y sublevados traidores al Estado Republicano y a su Gobierno legalmente constituido, la represión contra los frentepopulistas, anarquistas, librepensantes y leales a la República no tuvo relación alguna con una pretendida reacción no premeditada, instintiva, justa, moral y ética de las personas “de orden” debido al supuesto hartazgo en el que éstas vivían como consecuencia de lo que con posterioridad y convenientemente se calificó desde el nuevo régimen como de “permanente desgobierno y anarquía” del perverso Frente Popular.

No. La represión siguió un modelo hábilmente entretejido en reuniones previas celebradas en marzo, mayo, junio y julio de 1936 entre los responsables de la conjura (Mola, Sanjurjo, Orgaz, Goded, Kindelán, Saliquet, Franco, Fanjul, Queipo, Yagüe, Varela, Galarza, Alonso Vega, Cabanellas, García Valiño, el mismísimo Calvo Sotelo, José Antonio Primo de Rivera, ¿también Gil Robles?, Juan March, Luis Bolín, Martínez Anido, el Cardenal Soldevilla, Fal Conde, Javier de Borbón-Parma, los Oriol, los Luca de Tena…), modelo que pretendía acabar físicamente y aniquilar ideológica y espiritualmente a los preconizadores, defensores y seguidores de las ideas progresistas y socializadoras (que postulaban ideas tan peligrosas para los conservadores como la Reforma Agraria, la colectivización de tierras y grandes fincas en abandono, la laicidad y universalización de la enseñanza, la aconfesionalidad del Estado, etc., etc.).
Y este modelo represivo del que fueron víctimas indeseadas cientos de miles de personas –fría, calculada, específica y detalladamente desarrollado por Mola, Sanjurjo, Yagüe, Franco y otros, al modo y manera de la posterior “Solución Final” nazi contra los judios-- siguió las pautas y metodologías de las campañas colonialistas de los militares africanistas españoles en las aldeas y kábilas rebeldes del Magreb: exterminio de los contrarios y disidentes, neutralización de los tibios o equidistantes con prolífica eliminación de muchos de ellos y amedrentamiento del resto de la empavorecida población.

Así, si bien con diferente virulencia y visceralidad, desde 1936 a 1978 los golpistas, los fascistas, los falangistas, los tradicionalistas y fundamentalmente los franquistas y los que bien se cobijaban a la buena sombra de su robusto tronco (Movimiento, sindicalistas, tecnócratas, etc.), dieron muerte a 200.000 opositores, encarcelaron a 500.000 disidentes, obligaron a marchar al exilio a 550.000 contrarios, depuraron y desposeyeron de empleos a cientos de miles de funcionarios públicos, expoliaron de sus bienes a miles y miles de familias relacionadas con los asesinados y con los presos, y mantuvieron durante 40 años a una aterrorizada sociedad bajo la claveteada bota militar de la tiranía y la dictadura.
Confundiéndose entre sí y retroalimentándose en eficaz sinergia, estos fueron los medios y herramientas utilizados y estos fueron los fines y objetivos alcanzados por los golpistas del 17 y 18 de julio de 1936 y por sus satisfechos y gozosos sucesores y herederos de las cuatro décadas siguientes.

Y es sólo en este contexto de odio y desprecio por el inferior y por el diferente en el que pueden ¿comprenderse? palabras y declaraciones como las siguientes, cargadas todas ellas de augurios de muerte:
Jose Antonio Primo de Rivera, fundador y líder de Falange Española: “Queremos que España recobre resueltamente el sentido universal de su cultura y de su Historia. Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque, ¿quién ha dicho -al hablar de “todo menos la violencia”- que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria”.

O las del General Emilio Mola (arriba), responsable de la conjura y del golpe de Estado: "Las circunstancias por las que atraviesa …España [es] …tan caótica que no existe otro medio de evitarla que mediante la acción violenta. Para ello los elementos amantes de la patria tienen forzosamente que organizarse para la rebeldía con el objeto de conquistar el poder... Esta conquista se hará mediante la colaboración de las fuerzas armadas y los grupos políticos, sociedades e individuos aislados que no pertenezcan a partidos, sectas y sindicatos que reciben inspiraciones del extranjero: socialistas, masones, anarquistas, comunistas... Se tendrá en cuenta que la acción debe ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. La represión será dura; desde luego, serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al Movimiento... aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos… Una vez tomado el poder se instaurará una dictadura militar… ". Iniciada la revuelta en Pamplona, Mola insiste: “es necesario propagar una atmósfera de terror…”. En la Instrucción del 30 de junio ordenaba “eliminar los elementos izquierdistas: comunistas, anarquistas, sindicalistas, masones, etc.” y precisaba como debía ser la sublevación: "...de una gran violencia: las vacilaciones no conducen mas que al fracaso". En julio, ya en plena sublevación, Mola expresaba claramente la idea de exterminio: "Cualquiera que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular, debe ser fusilado... Hay que sembrar el terror... dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros… Tenemos que causar una gran impresión, todo aquel que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado… En este trance de la guerra yo ya he decidido la guerra sin cuartel. Yo veo a mi padre en las filas contrarias y lo fusilo… A los militares que no se hayan sumado a nuestro Movimiento, echarlos y quitarles la paga. A los que han hecho armas contra nosotros, contra el ejército, fusilarlos…". Por último, es obligado señalar que las siguientes palabras del propio Mola (en declaraciones a Radio Burgos el 31 de Julio de 1936) traslucían el decidido propósito de los golpistas de aniquilar permanentemente y para siempre a liberales, progresistas e izquierdistas: “Yo podría aprovechar nuestras circunstancias favorables para ofrecer una transacción a los enemigos, pero no quiero. Quiero derrotarlos para imponerles mi voluntad y para aniquilarlos.” “Ni pactos de Zanjón, ni abrazos de Vergara, ni pensar en otra cosa que no sea una victoria aplastante y definitiva”. Pero antes de abandonar a Mola, sería bueno reseñar los tres primeros artículos de su horrenda "Instrucción Reservada nº 1". Dicen así: "Primero: Serán pasados por las armas, en trámite de juicio sumarísimo, como miserables asesinos de nuestra Patria sagrada, cuantos se opongan al triunfo del expresado Movimiento salvador de España, fueron los que fueren los medios empleados en tan perverso fin; Segundo: los militares que se opongan al Movimiento de salvación serán pasados por las armas por los delitos de lesa Patria y alta traición a España; Tercero: se establece la obligatoriedad de los cargos y quienes nombrados no los acepten caerán en la sanción de los artículos anteriores". Finalmente, Mola no abandonó este siniestro talante en las siguientes Instrucciones Reservadas. Así de reiterativo y recalcitrante se mostraba en la I.R. número 5º: "Ha de advertirse a los tímidos y vacilantes que aquél que no esté con nosotros, está contra nosotros, y que como enemigo será tratado. Para los compañeros que no son compañeros, el movimiento triunfante será inexorable" (para más detalles, ver “El general Batet” de Hilari M. Raguer y “Historia de la Iglesia en España, 1931-1939: 1931-1939 de Gonzalo Redondo).
Los corresponsales de prensa extranjeros y los lectores franceses, ingleses y americanos tuvieron ocasión de tomarle la medida a esta saña asesina de los golpistas y de los franquistas leyendo las declaraciones del capitán Gonzalo de Aguilera Munro. Aguilera, nacido en Madrid en 1886 y fallecido en Salamanca en 1965, era un aristócrata, terrateniente y capitán del ejército sublevado en la Guerra Civil, durante la que desempeño la función de jefe de prensa de los generales Franco y Mola. Así se expresaba Aguilera ante un periodista norteamericano:
"Todos nuestros males vienen de las alcantarillas. Las masas de este país no son como sus americanos, ni como los ingleses. Son esclavos. No sirven para nada, salvo para hacer de esclavos. Pero nosotros, las personas decentes, cometimos el error de darles casas nuevas en las ciudades en donde teníamos nuestras fábricas. En esas ciudades construimos alcantarillas, y las hicimos llegar hasta los barrios obreros. No contentos con la obra de Dios, hemos interferido en su voluntad. El resultado es que el rebaño de esclavos crece sin cesar. Si no tuviéramos cloacas en Madrid, Barcelona y Bilbao, todos esos líderes rojos habrían muerto de niños, en vez de excitar al populacho y hacer que se vierta la sangre de los buenos españoles. Cuando acabe la Guerra destruiremos las alcantarillas. El control de natalidad perfecto para España es el que Dios nos quiso dar. Las cloacas son un lujo que debe reservarse a quienes las merecen, los dirigentes de España, no el rebaño de esclavos".
En una entrevista con el periodista inglés Peter Kemp, el capitán Aguilera llegó a decir: "El gran error que han cometido los franquistas al empezar la Guerra Civil Española ha sido no fusilar de entrada a todos los limpiabotas. Un individuo que se arrodilla en el café o en plena calle a limpiarte los zapatos está predestinado a ser comunista. Entonces ¿por qué no matarlo de una vez y librarse de esa amenaza?". El capitán Anguilera añadió que, el 18 de julio de 1936 «hizo poner en fila india a los jornaleros de sus tierras, escogió a seis y los fusiló delante de los demás» para sembrar el terror entre ellos.
Estremecen también las palabras de Aguilera al periodista norteamericano John Whitaker: "Tenemos que matar; matar y matar; ¿sabe usted? Son como animales, ¿sabe?, y no cabe esperar que se libren del virus del bolchevismo. Al fin y al cabo, ratas y piojos son los portadores de la peste. Ahora espero que comprenda usted qué es lo que entendemos por regeneración de España... Nuestro programa consiste... en exterminar un tercio de la población masculina de España. Con eso se limpiaría el país y nos desharíamos del proletariado. Además también es conveniente desde el punto de vista económico. No volverá a haber desempleo en España, ¿se da cuenta?".


En la misma línea se manifestaba el conjurado general Gonzalo Queipo de Llano (arriba, en l imagen) durante sus habituales soflamas tabernarias radiofónicas contra sus enemigos, lanzadas desde micrófonos sevillanos. El 23 de julio de 1936 llegó a proferir las siguientes barbaridades: "Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como a un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros; que si lo hiciereis así, quedaréis exentos de toda responsabilidad. Al Arahal fue enviada una columna formada por elementos del Tercio y de Regulares, que han hecho allí una razzia espantosa". Y proseguía dos días después:"¿Qué haré? Pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré… Nuestros valientes legionarios y Regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen…Ya conocerán mi sistema: Por cada uno de orden que caiga, yo mataré a diez extremistas por lo menos, y a los dirigentes que huyan, no crean que se librarán con ello: les sacaré de debajo de la tierra si hace falta, y si están muertos los volveré a matar…". Y el 18 de agosto, lo corrobora: “El ochenta por ciento de las familias de Santa Lucía está ya de luto”. Y con el objetivo de causar terror entre la tripulación de un buque leal a la República, en septiembre espeta: “He dado orden de fusilar a tres familiares de cada uno de los marineros”. En otra ocasión, Queipo tildó al golpe militar como de “depurador del pueblo español” y animó a eliminar a “cualquiera que simpatizara con corrientes sociales avanzadas o simples movimientos de opinión democrática y liberal”.
En proferir obscenidades no le iba el general golpista Yagüe (en la imagen superior) a la zaga a Queipo. Veámoslo en estas declaraciones a un corresponsal estadounidense del "New Herald Tribune", hechas pocos días después de la matanza de republicanos en la plaza de toros de Badajoz: "Naturalmente que los hemos fusilado ¿Pensaban que me llevaría conmigo a 4.000 rojos mientras mi columna avanzaba luchando contrarreloj? ¿Debía dejarlos en libertad a mis espaldas permitiéndoles que hicieran nuevamente de Badajoz una ciudad roja?".

Con semejantes atrocidades verbales, mera constatación de lo que se venía practicando por millares en cunetas y tapias, los golpistas, todos los golpistas, venían a demostrar que independientemente de su adscripción política o grupal, todos ellos bebían de las mismas fuentes ideológicas. Esto puede comprobarse en las declaraciones de José Sáinz, Pepe Sainz (en la fotografía de más arriba), destacadísimo miembro del “polit buró” falangista, posteriormente caído en desgracia por su cercanía al díscolo Jefe de Falange Española, Manuel Hedilla. Decía así: “El primer problema moral es hacer justicia rápida y enérgica; las familias de los asesinados que son el pilar más sólido y moral que tiene la provincia y la causa, se desmoralizan si ven debilidad. La provincia tiene aproximadamente 20.000 asesinos que deben desaparecer urgentemente; esta gente ni ha trabajado ni trabajará, ni ha agradecido ni agradecerá; suponiendo que cada uno cueste solamente dos pesetas diarias, resultan por 40.000 pesetas diarias: ¡15 millones al año! Con eso arreglo yo la provincia económicamente”.

No es de extrañar pues, que similar verborrea funesta y disparatada saliera de los labios de otros responsables golpistas, fascistas y franquistas. Por ejemplo, en el caso del general sublevado
Antonio Sagardi Ramos, que durante su invasión de la Cataluña republicana en abril de 1938 tenía por aterrorizante lema "Fusilaré a diez catalanes por cada hombre muerto de mi guardia". O el caso del Comandante (más tarde Teniente General del ejército español) Mujammed Ben Missian, el cual respondió a las protestas del periodista John T. Whitaker por la salvaje violación de dos jóvenes en Navalcarnero por 40 mercenarios moros diciéndole que no se enfureciera tanto, porque las iban a fusilar en menos de cuatro horas. Escuchadas las fanfarrias de este infernal y fúnebre coro, ya no es de asombro que sujetos como el general Millán Astray, jefe de La Legíón, profirieran el grito de “¡¡Muera la Inteligencia!!, ¡¡Viva la Muerte!!” en la Universidad salmantina frente al hasta ese momento entusiasta colaboracionista y desde entonces horrorizado arrepentido Miguel de Unamuno, autor del famoso pero ya inútil “Venceréis, pero no convenceréis” .

Por último, no podemos cerrar esta entrada sin dar cabida a las palabras de muerte del general Francisco Franco, afortunado heredero de los bienes emanados de las ¿accidentales? muertes de Sanjurjo y Mola, y de las vacilaciones e incapacidades de Yagüe, Queipo o Cabanellas. El general Franco, en su bando de guerra del 18 de julio, exigía “inexcusablemente que los castigos sean ejemplares” y que se impusieran “sin titubeos ni vacilaciones”. El 28 de julio de 1936, sólo diez días después del golpe de Estado, Franco aceptó ser entrevistado por el "Chicago Daily Tribune". Su corresponsal Jay Allen transcribió la conversación que mantuvo con el jefe de los sublevados de la siguiente manera:
"-Allen: ¿No hay posibilidad de tregua, ni de compromiso?
-Franco: No. No. Decididamente, no. Nosotros luchamos por España. Ellos luchan contra España. Estamos resueltos a seguir adelante a cualquier precio.
-Tendrá que matar a media España-, dije. Entonces, giró la cabeza, sonrió y mirándome firmemente dijo:
-He dicho que al precio que sea..."
Y Franco remacho sus declaraciones con esta frase anotada por Jay Allen: “Estoy dispuesto a exterminar, si fuera necesario, a toda esa media España que no me es afecta”.
Pero esta mesiánica ideología de muerte no se detenía en las palabras expresadas durante la guerra. ». En un discurso pronunciado en Jaén el 18 de marzo de 1940, casi un año después de finalizado el atentado terrorista más prolongado de la historia de España (¿podría llamarse así al conflicto provocado por la sublevación de los traidores armados?) Franco llegó a decir: “No es un capricho el sufrimiento de una nación en un punto de su historia; es el castigo espiritual, castigo que Dios impone a una vida torcida, a una historia no limpia». O como el propio Franco narró a Dionisio Ridruejo en 1942: “ ... a los rojos y a los enemigos encubiertos de España. La guerra de España no es una cosa artificial: es la coronación de un proceso histórico en la lucha de la patria contra la anti-Patria... El que piensa en mediación propugna por una España rota, materialista, dividida, sojuzgada y pobre ... una paz para hoy y otra guerra para mañana ... La España nacional ha vencido y no dejará arrebatarse ni desvirtuar su victoria, ni por nada ni por nadie”.

"No hay redención sin sangre, y bendita mil veces la sangre que nos ha traido nuestra redención". Palabras de muerte son éstas de 1946 de este general (ver un largo rosario de ellas en “Vengo a salvar a España” de Andrés Rueda), que gobernó nó solo por su propio talante durante 40 años, sino que lo hizo aupado y sostenido por una legión de clientes en la sombra –a modo y manera de las redes clientelares de los patricios romanos-- satisfechos de su propia holganza y de su ya inmutable prosperidad. El uno desde su tumba del Valle y los otros desde los plácidos retiros de sus fincas, empresas, bancos, sedes episcopales y otros predios, observan regocijados nuestros esfuerzos sin apoyo estatal por recuperar la memoria de los por ellos represaliados y se ríen
a mandibula batiente del fracaso de nuestra sociedad civil.