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domingo, 29 de junio de 2008

Iglesia, fascismo y represión

Ya desde el 14 de abril de 1931 la Iglesia Católica se manifestó abiertamente contraria a la II República Española. Las figuras de los cardenales Segura y Gomá se convirtieron en el eje del fundamentalismo católico español antirepublicano. Otras personalidades destacadas del clericalismo se significaron por su actividad contra la República. Eugenio Vegas Latapié, fundador de Acción Católica, estuvo implicado en varios intentos de atentados en el Parlamento y contra la figura del presidente de la República Manuel Azaña.Con el golpe de Estado de los militares traidores en 1936, la Iglesia se declara a favor de los golpistas y les presta con entusiasmo todo su apoyo moral, ideológico, material y humano. El obispo de Teruel (beatificado en 1995) pedía el voto en febrero de 1936 para las derechas “por Dios y por España”, organizando y financiando al comienzo de la guerra un grupo de guerrilleros fascistas en las sierras de Albarracín. En la Carta colectiva de los Obispos españoles (subscrita por 43 obispos y 5 vicarios capitulares) a los obispos de todo el mundo con motivo de la Guerra de España, firmada el 1 de julio de 1937, por la que se confirmó el apoyo definitivo de la jerarquía de la Iglesia española al bando franquista, los obispos dicen tener consuelo de poder decir que "al morir sancionados por la Ley, en su inmensa mayoría nuestros comunistas se han reconciliado con el Dios de sus padres. En Mallorca han muerto impenitentes sólo un 2 por ciento, en las regiones del sur no más de un 20 por ciento. Es una prueba del engaño de que ha sido víctima nuestro pueblo". Y decía el Obispo Miralles de Mallorca: "Sólo un 10 por ciento de estos amados hijos nuestros han rehusado los santos sacramentos antes de ser fusilados por nuestros buenos oficiales". El cardenal Gomá dijo en Budapest, durante el Congreso Eucarístico celebrado en aquella ciudad en mayo de 1938: "Paz, sí. Pero cuando no quede un adversario vivo". Este apoyo continuó durante la ejecución de las terribles operaciones de represión de los sublevados contra los fieles al gobierno legal y dio cobertura ética y sirvió de justificación a las atrocidades cometidas en los campos de concentración, en las prisiones y en las cárceles por los franquistas y los en su campaña de exterminio de los contrarios. Estas actuaciones criminales de la Iglesia Católica figuran en textos de decenas de páginas web y en cientos de trabajos, investigaciones y tesis publicados en losúltimos años. En muchos de ellos podemos leer, entre otros muchos ejemplos, los referidos a actuaciones de miembros de la Iglesia durante el desarrollo de la Guerra. Así:

El cura de Valderas (León), con su pistola al cinto, marcaba los objetivos a eliminar por las escuadras de la muerte de los sublevados. En los tres primeros días del golpe y con la colaboración del sacerdote, la represión en este pueblo se llevó por delante a unas 120 personas”.

“El cura de Zafra (Badajoz), Juan Galán Bermejo, alcanzó fama de sanguinario. Cuenta Peter Wyden en su libro “La guerra apasionada": Luciano Zainos, de once ańos,con sus padres y cinco hermanos estaba entre el centenar de aterrorizados ciudadanos que buscaron refugio en el sótano de la catedral. Al asomarse para echar un vistazo, Luciano vio cómo los legionarios entraban al asalto pasando las gruesas puertas tachonadas de gruesos clavos, iban a la caza de presa oculta en la iglesia. Juan Galán Bermejo, que había sido el cura de Zafra (Badajoz) y ahora capellán de la 11ª bandera del 2º Regimiento, estaba entre los asaltantes. Descubrió a un miliciano escondido en un confesionario y lo mató con su pistola, no era ésta la primera de las ejecuciones privadas del padre Galán, que estaba orgulloso de todas. Pocos días más tarde, en el despacho del gobernador civil de Badajoz, Antonio Bahamonde, de la comandancia del general Queipo de LLano, le pidió al padre que le dejase ver la pistola que había usadoen la catedral. Galán la mostró y dijo: "Aquí está. Esta pistola ha librado al mundo de más de un centenar de revolucionarios". El cura de Zafra se encargó de marcar a quienes debían matar. A preguntas de Marcel Dany, de la Agencia Hava, el cura de Zafra respondía que“to­davía no hemos tenido tiempo de legislar cómo y de qué manera se­rá exterminado el marxismo en Es­paña; por eso, todos los procedi­mientos de exterminio de estas ratas son buenos. Y Dios, en su inmenso poder y sabiduría, los aplaudirá”. El cura Juan Galán siempre portaba una pistola de do­tación sobre la sotana, y fue el eje­cutor directo de unos 750 asesinatos”.

También en Badajoz, “el cura Isidro Lombas (o Lomba) Méndez participó en la represión, pues elaboraba las listas de quienes aún vivían y había que de­tener para llevarlos a la Plaza de Toros. Según puede leerse en un artículo de investigación de Alfredo Disfeito, Andreu García Ribera y Federico Pérez-Galdós publicado en el periódico EL OTRO PAÍS), “aquellas ejecuciones (decía Yagüe), eran gratamente presenciadas por res­petables y 'piadosas' damas”, según escri­bió Martínez Bande en La marcha sobre Madrid; también aplaudían “los jovencitos de San Luis, eclesiásticos, virtuosos frailes y monjas de alba-toca”. “Las ametralladoras no paraban. Hasta tal punto que, varias veces, fueron reemplazados los ti­radores. Entre los que nunca faltaban, el cura Isidro Lombas Méndez un gran cazador de rojos...”.

En Navarra, según se recoge en el libro “Navarra 1936. De la esperanza al Horror” editado por Altafaylla, “muchos de los que iban a ser fusilados eran llevados ante el párroco Antonio Ona para ser confesados. Uno de ellos, Julio Pérez , concejal de UGT, resultó malherido tras una penosa huida. Mientras estaba en el hospital, su madre, asidua al confesionario de Antonio Ona , intercedió ante su hijo aunque sólo obtuvo unas palabras que el párroco solía emplear en otros casos: "Mira hija, si lo matan ahora irá al cielo. Si no lo matan, volverá a la andadas y se condenará. ¿Qué mejor momento para morir que ahora que está confesado?". En ese mismo libro se cuenta cómo Ona partió al frente donde "anduvo luciendo pistola y uniforme de campaña". Al poco tiempo fue nombrados canónigo de Pamplona y en 1956 ascendió a Obispo de Mondoñedo.

El que más tarde fuera obispo de Bilbao, Antonio Añoveros, llevó a cabo la labor de confesor en la matanza de las Bardenas, según relata Galo Vierge en su obra Los culpables (Pamiela).

El cura de Obanos (Navarra), Santos Beguiristáin, participó activamente en la lucha contra los vecinos republicanos de Azagra y destacó por su afición a elaborar listas . Los fusilados (71) los catalogaba como "muertos por el peso de la justicia".

También es reseñable la historia del entonces párroco de Egüés. Al parecer, por una mera razón de disputa personal (el médico prefería ir a misa a otro pueblo de al lado con cuyo párroco jugaba a cartas) delató a este profesional llegado de Bilbao. Comenzada la guerra un día vinieron a buscar al médico con una orden de detención. Ëste logró saber que detrás de la denuncia estaba el cura.

El cura Fermín Izurdiaga (Pamplona, 1905 -1981), sacerdote, poeta, orador y periodista, fue falangista y fundador de "Arriba España" y de "Jerarquía.Revista negra de la Falange". En su primer ejemplar quedaba claro el ideario del periódico: "¡Camarada! Tienes obligación de perseguir al judaísmo, a la masonería, al marxismo y al separatismo. Destruye y quema sus periódicos, sus libros, sus revistas, sus propagandas. ¡Camarada! ¡Por Dios y por la Patria!". Tras la Guerra Civil, el diario continuó como divulgador de las consignas del falangismo. Izurdiaga participó en muchos actos de exaltación fascista y era conocido por sus encendidas alocuciones

Un capellán castrense entró en los barrios obreros sevillanos de La Macarena con la columna de legionarios y falangistas “a sangre y fuego”. También el cura de Rociana (Huelva) insistía repetidamente para que se fusilara a más gente en su pueblo, porque las 200 que ya habían asesinado le parecían pocas. Existen además numerosos testimonios de curas disparando ametralladoras desde los tejados en el libro “Historias orales de la guerra civil” de Bullón de Mendoza, A. y de Diego, A.

Y tampoco debemos olvidar el papel que voluntariamente se asignaron a sí mismos muchos sacerdotes durante la represión de postguerra. Por ejemplo:

“En la cárcel franquista de la isla de San Simón, Galicia, un cura con su pistola al cinto se encargaba de administrar justicia y ésta no era divina precisamente”.

Más conocido fue el caso del cura del penal de Ocaña era conocido como el “cura verdugo” porque era el encargado de dar los tiros de gracia. Así puede leerse en los versos de Miguel Hernández, escritos a hurtadillas en 1941 la cárcel de Ocaña poco antes de que lo dejaran morir:

Muy de mañana, aún de noche,
Antes de tocar diana,
Como presagio funesto
Cruzó el patio la sotana.
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!

Llegó al pabellón de celdas,
Allí oímos sus pisadas
Y los cerrojos lanzaron
Agudos gritos de alarma.
“¡Valor, hijos míos,
que así Dios lo manda!”
Cobarde y cínico al tiempo
Tras los civiles se guarda,
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!

Los civiles temblorosos
Les ataron por la espalda
Para no ver aquellos ojos
Que mordían, que abrasaban.

Camino de Yepes van,
Gigantes de un pueblo heroico,
Camino de Yepes van.
Su vida ofrendan a España,
Una canción en los labios
Con la que besan la Patria.

El cura marcha detrás,
Ensuciando la mañana.
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!

Diecisiete disparos
Taladraron la mañana
Y fueron en nuestros pechos
Otras tantas puñaladas.

Los pájaros lugareños
Que sus plumas alisaban,
Se escondieron en los nidos
Suspendiendo su alborada.

La Luna lo veía y se tapaba
Por no fijar su mirada
En el libro, en la cruz
Y en la “star” ya descargada.
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!

En los libros ”¡Alerta los pueblos!” y “España heroica”, escritos ambos por Vicente Rojo puede leerse: “...cuando los presos estaban “en capilla”, esperando su ejecución para la madrugada, un sacerdote, se acercaba a los condenados con el fin de confesarles, hacerles besar la Cruz de Cristo y señalarles que con toda justicia iban a ser ejecutados, pero que Dios, en su infinita bondad, les perdonaría en el otro mundo; esto para los que aceptaban tal “receta”; para los que se negaban a ello les esperaba una sutil venganza por parte del cura y del oficial del pelotón de ejecución; parece ser que informado dicho “mando” por el representante religioso de la negativa del reo a confesar, comulgar y arrepentirse de sus pecados, se ordenaba al pelotón de fusilamiento lo siguiente: “A ése, no le matéis de primera, dejármelo a mí para el tiro de gracia. Y así se hacia. Cuando el capitán ó teniente, bien cargadito de alcohol, se acercaba al reo, que había recibido varios disparos no mortales de necesidad, se le miraba con ojos de “justiciero” y se le decía estas últimas palabras: “ahora te voy a dar el tiro de gracia, pero viviendo, para que así te des cuenta de que te vas al otro mundo”.

El padre Vendrell, sacerdote jesuita, diría a los republicanos prisioneros que iban a ser fusilados de madrugada: "No tened miedo, porque los moritos tienen muy buena puntería y no os harán ningún daño", y agregaba con fervor: "Vosotros sí que sois bienaventurados, puesto que conocéis el momento exacto en que ha de veniros la muerte, y así podéis poneros en paz con Dios, que es lo único que debe importaros".

En el fichero http://es.geocities.com/gomez_urdanez/quel/pdfs/quelhist7.pdf puede leerse que “...los vencedores, que empezaban a desfilar, eufóricos, en camionetas, con uniformes y armas, eran bendecidos por algún cura de la comarca: en Quel fue muy activo el cura don Higinio Arpón, amigo del también sacerdote calagurritano Francisco Lajusticia, que vestía el uniforme de Falange, con pistola al cinto...“ “...las víctimas quedaban a la espera de que viniera la camioneta, la “camioneta de la muerte”, con hombres de Arnedo y otros pueblos –algunos tristemente famosos-, dispuestos a hacer el trabajo sucio: matar. Con ellos iba a veces ese cura de Calahorra, vestido con el uniforme de la Falange, el ya citado don Francisco... La Rioja Baja, como La Ribera navarra, se pobló de curas con pistola al cinto, boina colorada y actitudes extremadamente criminales....”.

El preso veterano Isaac Arenal Cardiel narra lo siguiente en su libro "95º Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores": "Al capellán de la prisión [de Valdenoceda] le llamábamos "Palo Largo". Era un individuo de aspecto siniestro o por lo menos nosotros así le veíamos. Era en la "práctica" el director de la cárcel, pues allí se hacía lo que a él le venía en ganas y tenía una "lista negra"....."Palo Largo" hizo el comentario "cuando tengan que salir en libertad condicional estos réprobos y masones van a saber quien soy yo". Este individuo tenía la potestad, ilegal a todas luces, pero consentida por el director de retener varias semanas o meses a los reclusos en el momento de comunicarles "su libertad". Tenían que pasar por él para ver como andaban de religiosidad".

Por último, vengo a reflejar aquí un extracto de las "Memorias" de Ernesto Sempere Villarrubia: "Uno de los episodios más duros que viví en el Penal ocurrió durante la llamada ‘comunión general’ del domingo de Resurrección de marzo de 1941 (tras la festividad de Semana Santa). Semanas antes, los jesuitas de Oña habían preguntado y obtenido los nombres de trece de los presos que podrían tener influencia sobre los demás en labores de captación. Y, entre los elegidos (médicos, ingenieros, un catedrático de instituto, etc.), me incluyeron a mí por no sé que ignorados méritos. En virtud de ello, tuve que soportar el asalto de varios jesuitas, empeñados en que “deberías dar ejemplo como católico; sabemos que lo eres”. Les confirmé mis creencias religiosas pero insistí en que hacía ocho meses que mi padre, republicano, idealista e inocente de delitos de sangre, había sido fusilado. Y yo los asociaba instintivamente con los asesinos. Ante sus protestas, yo porfiaba en mi razonamiento: “Ustedes no serán culpables, pero sus amigos sí.” Nada pudieron conseguir. No sólo no comulgué, si no que, en plena misa solemne y en la consagración, permanecí de pie con un numeroso grupo, mientras el resto de penados y autoridades se arrodillaban. Exteriorizábamos así nuestra protesta por tantos atropellos, por tanto dolor, por tantos muertos en el penal, por tanta ignominia. Aquel acto se tomó como sedición. Durante semanas, estuvimos sometidos al acoso de los responsables del Penal y el ambiente era muy tenso. Una noche, llamaron a formar al grupo llamado ‘Los 13 de la Fama’. Éramos los siguientes: Pablo Ávila Menoyo, Humberto Blanco Moreno, Manuel Castillo García-Negrete, Santiago De la Cruz Touchard, Luis Díaz Serrano, Angel Galarreta Maestre, Pedro Garrigos Sevilla, Juan Antonio Gaya Nuño, Juan José Genose Coronas, José Goicuría Ibarra, Antonio Moraleda Gutiérrez, Manuel Pons Quibus y Ernesto Sempere Villarrubia. La Guardia Civil se presentó en el penal. Nos ataron a todos los compañeros, unos a otros, con alambres. Nos metieron en un camión. Y el camión arrancó. En ese momento, estábamos seguros de que íbamos a ser fusilados..” (en represalia por no comulgar, fueron deportados a la Prisión Provincial de castigo de Las Palmas de Gran Canaria).

El padre Pérez del Pulgar, alma del franquista Patronato para la Redención de Penas por el Trabajo, en una imagen propagandística

El Padre jesuita Martín Colom en misión evangelizadora en la Prisión Especial de regeneración y reforma de Calzada de Oropesa, Toledo, 1941.

Misa en la galería de la Prisión de mujeres de Segovia, en 1954

Mujeres presas en la prisión de Segovia

Procesión del Corpus en la cárcel de mujeres de Ventas de Madrid. 1939

Misa en la galería de la Cárcel Modelo de Barcelona. 1946

Esta imagen puede consultarse en el excelente trabajo "Cautivos" de Javier Rodrigo, Editorial Crítica, Barcelona 2005, con el siguiente pie de foto: "campo de de San Pedro de Cardeña [Burgos]. Celebración eucarística".

Misa en el interio de la Cárcel Modelo de Barcelona, con ocasión de la fiesta de La Merced, patrona de los presos. 24 septiembre de 1955

Un preso ante la Junta de Libertad Vigilada de la Cárcel Modelo de Barcelona. Dos monjas, un militar, un falangista, el director de la prisión y algún civil más le escrutan atentamente. 3 de abril de 1944
Post Scriptum: para el monje benedictino de la abadía de Montserrat Hilari Raguer “la Iglesia española, en la guerra civil, no fue pacífica ni pacificadora...atizó el fuego y se comportó en general de forma muy poco misericordiosa.".

sábado, 28 de junio de 2008

Una inmensa prisión

Los prisioneros republicanos se sentían enormemente desazonados, desvalidos e indefensos. Cientos de miles de ellos estaban encerrados entre los fosos de los campos de concentración o tras las rejas de oscuros edificios escolares o religiosos habilitados como siniestras prisiones. El horror del frío al raso en invierno y el tormento de la sed inmitigable bajo el abrasador sol de los crudos veranos vinieron también a cobrarse su funesto peaje en miles de vidas. El país se había convertido en una inmensa prisión y en ella estaban atrapadas las ideas y los sentimiento de justicia, solidaridad y libertad. Las fulgurantes invasiones nazis dePolonia, Holanda, Bélgica y Francia y la operación Barbarroja en Rusia sumieron aún más a los antifranquistas en la desesperación. Los proyectos de escapar másivamente de las cárceles y unirse a los aliados para luchar contra el fascismo franquista cuandos éstos cruzaran los Pirineos se esfumaron. Sólo la derrota de Hitler en Stalingrado en febrero de 1943, el desembarco americano en Sicilia en junio del mismo año y la exitosa operación anfibia en Normandía en junio de 1944 hizo renacer la esperanza entre los presos republicanos. Pero fue en vano.


Prisioneros republicanos conducidos al campo de concentración, en tres fotogramas que he congelado y superpuesto, procedentes de un noticiero informativo de la época accesible desde youtube.

Antifranquistas presos en el campo de concentración de Santander.
Prisioneros republicanos conducidos al campo de concentración atravesando las calles de Madrid en abril de 1939.

Presos republicanos en la prisión. Fotograma congelado procedente de un noticiero informativo de época accesible desde un archivo audiovisual digital francés.

Esta fotografía revela con meridiana claridad las infrahumanas condiciones en las que malvivían y morían los prisioneros republicanos en los campos de concentración, según lo que podemos leer en el siguiente extracto: "Ingresé en el campo de concentración de La Granjuela, a unos 8 kilómetros de Peñarroya. Allí permanecí hasta mediados de abril de 1939, trabajando con pico y pala en la construcción de una zanja que circundaba el pueblo (por otra parte destrozado por la guerra). La profunda zanja tenía 3,5 metros de altura y era un cuadrado de un kilómetro por lado, con ametralladoras en cada esquina que disparaban a menudo durante las noches, amedrentando, pero no fue obstáculo para escapar. Con una onza de chocolate, dos sardinas y medio chusco por día, parecía claro que moriríamos de hambre. Ello a pesar de cambiar a los moros que por allí se acercaban botas y cazadoras por barras de regaliz que hervidas con hierbas y agua, producían una sopa infame con la que engañábamos el hambre. En resumen, estudiados el paso nocturno de patrullas, conseguimos huir cuatro compañeros y yo....". Ernesto Sempere Villarrubia (1920-2005), preso veterano desde 1939 a 1947 en el Campo de Concentración de La Granjuela (Córdoba), Prisión Provincial nº 2 de Ciudad Real, Prisión Central de Valdenoceda (Burgos), prisiones de Porlier y Yeserías (Madrid), Prisión de Cádiz, Prisión Provincial de Las Palmas de Gran Canaria y 94º Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores Penados (Algeciras).
Presos republicanos custodiados por un guardia civil, en una prisión franquista del Campo de Gibraltar, probablemente en Algeciras.

viernes, 27 de junio de 2008

El infame rancho

“Y así empezó nuestro calvario. Forzosos madrugones diarios a toque de corneta, un cazo de achicoria levemente azucarada y después el lento pasar de los días en el gran patio, con tamaño de campo de fútbol, soportando lluvia, frío, nieve, mientras el hambre pura y dura nos corroía el corazón. Los húmedos pies embutidos en almadreñas y sentados en los cajoncitos comprados al llegar, donde guardábamos plato, cuchara y poco más, veíamos pasar largas horas a la intemperie, contándonos nuestras historias de guerra y de tribunales y expresando esperanzas de que la contienda mundial terminara con la victoria de los aliados y la defenestración del odiado dictador.....La vida en la cárcel era tremendamente dura. De comer nos ponían un caldo infame, manchado, con una sola alubia que, además, siempre tenía un gorgojo en su interior. También nos daban, y ésa era toda la comida, una sardinita de lata y un minúsculo trozo de chocolate. Eso era todo. Recuerdo, como todos, el hambre que pasamos, hasta el punto de que mis mejores sueños estaban protagonizados por algo tan simple como una barra de pan. Soñaba con pan. ¿Cuánta hambre puede tener una persona para que sus mejores sueños sean un simple trozo de pan?.... En una ocasión, recuerdo a un compañero que, durante el reparto del mal llamado ‘rancho’, reclamaba la ración para su compañero, que en ese momento, según él, estaba dormido. En realidad, su compañero estaba sentado junto a él, pero había muerto hacía horas, posiblemente de hambre. Sin saberlo, ya fallecido, quizá estaba salvando la vida del compañero.... Así, el cansancio y el hambre nos iban agotando, terminaban con nuestras fuerzas e, inevitablemente, caíamos enfermos. Le llamaban ‘colitis epidémica’. Evidentemente, no había una epidemia de colitis, no nos transmitíamos una enfermedad de unos a otros. El único culpable de esa ‘epidemia’ era el sistema, que nos condenaba a malvivir, a malcomer y a malmorir....". "Memorias de Valdenoceda" de Ernesto Sempere Villarrubia (1920-2005), preso veterano desde 1939 a 1947 en el Campo de Concentración de La Granjuela (Córdoba), Prisión Provincial nº 2 de Ciudad Real, Prisión Central de Valdenoceda (Burgos), prisiones de Porlier y Yeserías (Madrid), Prisión de Cádiz, Prisión Provincial de Las Palmas de Gran Canaria y 94º Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores Penados (Algeciras).

Presos republicanos comen el rancho de pie en el campo de concentración de Miranda de Ebro, Burgos.

Presos republicanos esperan ansiosos el exiguo rancho en una prisión de Lérida. Algunos saludan cara al sol al fotógrafo, esperando quizás una ración un poco mayor. Esta imagen puede consultarse en el excelente trabajo "Cautivos" de Javier Rodrigo, Editorial Crítica, Barcelona 2005, con el siguiente pie de foto: "prisioneros en Lleida".

Reparto del rancho en el campo de concentración de Santander.

Reparto de comida en la cárcel del Castillo, en León.

"La cola del rancho" en la Prisión Central de Valdenoceda, Burgos, según un dibujo realizado por Ernesto Sempere Villarrubia, preso veterano de ésta y otras prisiones franquistas.

Arriba y abajo, fotogramas que he congelado y extraído de un reportaje en youtube, en los que se aprecia la cola para el rancho en una prisión franquista. Obsérvese cómo los presos --a la derecha del encargado de echar la pitanza en el plato-- han de saludar brazo en alto y cara al sol al soldado golpista que en el extremo derecho observa vigilante la maniobra.


Reparto del rancho en un campo de concentración del norte. Esta fotografía parece haber sido hecha en el mismo lugar que los fotógramas anteriores extraidos de youtube.

Las represalias se ceban en las mujeres

Discriminada y explotada durante la monarquía, la mujer que durante el periodo republicano se hubiera distinguido por su espíritu rebelde, por su activismo feminista o simplemente por vestir o fumar a la moderna y tener ideas liberales, y que durante la guerra civil hubiera destacado por su condición de republicana y antifranquista, fue perseguida con saña por los golpistas vencedores.

Las represalias afectaron incluso a aquellas mujeres cuya única relación con los leales a la República provenía exclusivamente de su parentesco con militantes republicanos. La venganza se hizo extensiva a todas las militancias políticas y sindicales, a escritoras, periodistas, maestras, a las médicas y enfermeras afiliadas al Socorro Rojo Internacional, a las amas de casa y a las esposas, madres o hermanas de soldados, sindicalistas y antifranquistas de cualquier índole, peso específico o condición. Se las golpeaba públicamente, se les rapaba al cero y se las obligaba a limpiar las calles, los cuarteles y las manchas de sangre junto a los paredones donde eran fusilados sus parientes.

La represión contra ellas fue dura y despiadada. Las trece jóvenes que intentaban reconstituir en 1939 el comité madrileño de las Juventudes Socialistas Unificadas (las “13 rosas rojas”), las enfermeras del Hospital Psiquiátrico asturiano de La Cadellada (fosa de Valdediós), las enfermeras de Manacor, fueron sólo algunas de las mujeres represaliadas por los franquistas, las cuales sufrieron humillación, malos tratos, torturas y en muchos casos violaciones antes de ser asesinadas por pistoleros de escuadras falangistas y cedistas y por soldados del victorioso nuevo ejército imperial de ocupación.

Mujeres de Oropesa, Toledo, rapadas por los franquistas en represalia por su condición política o por su parentesco.

Mujeres rapadas por los franquistas en represalia por su condición política o por su parentesco con republicanos.

Una mujer parece atender a su familiar republicano en los límites del campo de concentración. Quizás esta imagen haya sido tomada en un campo de internamiento francés. Refleja la doble condición de represaliada que tenían las mujeres por su activismo, por su feminismo y por el parentesco con los contrarios a los sublevados.

Enfermeras de la Cruz Roja apresadas en Manacor (Mallorca, Baleares) en septiembre de 1936. Todas ellas fueron violadas y asesinadas por los golpistas uno o dos días después de ser hecha esta fotografía.

Numerosas mujeres, detenidas ante lo que parece una frontera invisible (seguramente, la vigilante mirada de un guardia o soldado franquista) hacen llegar a sus familiares ropa y comida para subsistir. Quizás esta imagen haya sido tomada en un campo de internamiento francés, pero no lo puedo asegurar. En cualquier caso, en las puertas de todas las cárceles y prisiones franquistas, las mujeres que aguardaban para saber la suerte de sus familiares o para hacerles llegar vituallas o vestimenta fueron humilladas por su parentesco con los presos. Muchas de ellas recibieron en la garita de guardia el terrible mensaje de "ya no vuelvas más, tu .... (marido, hijo...) ya no está aquí" y la recomendación de que se acercaran al cementerio o al depósito para hacerse cargo del cuerpo y darle sepultura si es que éste había sido encontrado.

miércoles, 25 de junio de 2008

...hileras, filas, columnas, la línea bien recta...

...hileras, filas, columnas, la mano al hombro del compañero que te precede, la línea bien recta, gritos, amenazas y miedo, mucho miedo, formaciones y más formaciones, horas al sol o expuestos al terrible frío, ...hay que extirpar la rebeldía, hay que aniquilar al individuo, hay que acabar para siempre con el pensamiento libre....

Columna de presos republicanos se dirigen al trabajo.

La banda de música de presos de la Cárcel Modelo (¿de Barcelona?)

Al fondo, los presos antifranquistas saludan a la romana en el campo de concentración de Miranda de Ebro, Burgos. Delante, los oficiales y los guardias. Las autoridades también saludan, con evidente y apreciable relajo en la tensión muscular y en el ángulo del brazo. En primer plano, segmentos de las banderas falangista y carlista. Esta imagen puede consultarse en el excelente trabajo "Cautivos" de Javier Rodrigo, Editorial Crítica, Barcelona 2005, con el siguiente pie de foto: "prisioneros en Miranda de Ebro, fecha indeterminada".

La ferrea disciplina era la tónica general en todos los centros de detención y concentración de España. Puede apreciarse así en esta imagen de una misa en el patio de la prisión o cárcel de Sevilla.

Un primer plano de esta fotografía ya figuraba en la entrada anterior. Sin embargo, vuelvo a traerla aquí, pues en esta toma se aprecian la dimensión del cmpo de concentración de Miranda de Ebro y la factura plenamente filogermánica de sus barracones. Esta imagen puede consultarse en el excelente trabajo "Cautivos" de Javier Rodrigo, Editorial Crítica, Barcelona 2005, con el siguiente pie de foto: "prisioneros en Miranda de Ebro, fecha indeterminada".

martes, 24 de junio de 2008

Interminables formaciones

...saludar, desfilar, firmes, inmóviles en la obligada misa, sumisos en la preceptiva comunión, quietos en la formación, fingiendo adhesión en las voces, que nadie te oiga decir por lo bajo "viva Azaña" en lugar de "viva España", y a esperar, interminables años de espera, aguardando a que los aliados entren por los Pirineos o por Gibraltar o a que te concedan la condicional, aunque sea con destierro....

Grupo de presos antifranquistas fromados tras su llegada al campo de concentración de Miranda de Ebro, Burgos

Prisioneros republicanos en Zaragoza. Imagen obtenida de un archivo oficial belga (Ceges Soma).

Misa en el Destacamento Penal de Almaden, Ciudad Real, según una imagen extraida de la Memoria anual del Patronato para la Redención de Penas por el Trabajo.
Desfile de brigadistas presos en Miranda de Ebro, Burgos.

Desfile de presos antifranquistas ante las autoridades de la cárcel de Yeserías, a mediados de los años 40.
Desfile de los presos de El Dueso, Cantabria, ante el Director General de Prisiones con ocasión de su visita a la cárcel.

Centenares de presos republicanos disciplinadamente formados en la Cárcel de El Puerto de Santa María, Cádiz, o en la de San Miguel de los Reyes, Valencia.

¡¡¡ A formarrrrr !!!

...alinearse, a formar, interminables horas en pie, a pasar lista, garcía... ¡presente!, suárez... ¡presente!, escuchar las nuevas condenas, pendientes de los traslados, cantar el cara al sol saludando a la fascista, los gritos de rigor, españa... ¡una, españa... ¡grande!, españa... ¡libre!, josé antonio primo de rivera... ¡presente!, viva franco... ¡viva!, arriba españa... ¡arriba!, firmes como postes, sin mover un músculo, la celda de castigo espera ansiosa al débil y al rebelde..., y entre formación y lista, y sáludo y cántico, los malos tratos, el desprecio, los insultos, las palizas, el infame rancho, y las miles de chinches y piojos que se ceban en los depauperados cuerpos, ya débiles de tifus, disentería, avitaminosis, hambre, hambre.... y muerte.

Presos republicanos en una prisión franquista, quizás la de Ocaña o El Puerto de Santa María, según un fotografama congelado de un reportaje de la época alojado en youtube

Presos republicanos desfilan ante autoridades de la prisión, posiblemente en San Miguel de los Reyes (Valencia) o El Puerto de Santa María (Cádiz)

Presos en una prisión franquista, probablemente internacionalistas de las Brigadas en algún lugar de Burgos, como Miranda de Ebro o San Pedro Cardeña

Centenares de presos obligados a saludar a la fascista en el patio de la prisión de El Puerto de Santa María (Cádiz)

domingo, 22 de junio de 2008

Formaciones en la prisión

Los represaliados vivían inmersos en un régimen de terror en el interior de las prisiones. Junto con el hambre, los malos tratos, la tortura y la omnipresente amenaza de asesinato y la pena de muerte, no había nada mejor para aniquilar el espíritu de los recluidos que la disciplina y las constantes formaciones en los patios, para dar las voces de rigor, levantar el brazo, cantar el cara al sol, pasar listas y comunicar la identidad de los próximos en ser ejecutados.


Esta imagen suele estar atribuida a la prisión de San Miguel de los Reyes (Valencia), si bien en diversas publicaciones y páginas web suele relacionársela también con la prisión de El Puerto de Santa María.

Formación de prisioneros republicanos en una prisión franquista, según un fotograma congelado procedente de un reportaje capturado en youtube.

También esta imagen y la de más abajo suelen atribuirse a la prisión de San Miguel de los Reyes (Valencia), si bien en diversas publicaciones y páginas web suele relacionársela también con la prisión de El Puerto de Santa María.


Presos republicanos en la prisión de Ocaña

sábado, 21 de junio de 2008

Presos en Porlier, y 3

En este collage, cedido por http://www.memoriaylibertad.org/, un preso sale, probablemente en libertad condicional y con la pena accesoria de destierro, de la prisión madrileña de Porlier. En la puerta le esperan sus familiares.

Marcos Ana en la prisión junto con una sobrina suya, el día de La Merced. Esta festividad, la única en la que los presos tenían autorizado posar para ser fotografiados siempre y cuando lo hicieran con al menos un familiar de uno de ellos, era aprovechada por los reclusos no visitados ese día para ser retratados y así, --tras dar al fotógrafo o al familiar fotografiado una lista de direcciones-- poder remitir a los deudos y familiares lejanos una prueba de vida y "salud" en forma de copia de foto. Por eso, muchos de ellos sonríen con el propósito de enviar a los suyos un animoso mensaje gráfico.

Presos republicanos trabajadores salen provisionalmente de la prisión de Porlier portando una camilla o una mesa, bajo la estricta vigilancia de la guardia.


La banda musical de presos de Porlier fue enviada a la prisión de Alcalá de Henares para "amenizar" de forma obligada la inauguración de sus Talleres Penitenciarios. En la imagen, el director y algunos músicos.

En la fotografía, presos republicanos periodistas reclusos en Porlier fueron enviados a la prisión de Alcalá de Henares para cubrir obligada e informativamente el acto de inauguración de sus Talleres Penitenciarios. La crónica se publicaría en el semanario "Redención", órgano del franquista Patronato para la Redención de Penas del Padre Pérez del Pulgar.

Los hijos de los presos acuden ordenadamente a ver a sus padres a la prisión de Porlier durante el día "festivo" de Ntra. Sra. de la Merced, 24 de septiembre.