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viernes, 1 de mayo de 2015

"Que doblen las campanas por tantos silenciados. Que sus tristes tañidos expresen agonía por forzosos exilios, por familias deshechas envueltas en los llantos de tantos sometidos. Que sus toques de ánimas repiquen como sombras pasando entre las sombras de los viejos recuerdos....": La Memoria al servicio de la Justicia. Día 121




"Cuando vistas a un muerto para su último viaje
a ese ser entrañable que tanto tú querías,
deposita en este hecho tus mejores esencias.
Después lleva su cuerpo a un sepulcro amoroso,
bendito pudridero que une tierra con tierra,
mientras el alma eterna, transmigro hacia el enigma......

Tú pudiste hacerlo por tu amor al que se iba
pero quedaron muchos. Su recuerdo quemaba.
Eran muertes ilícitas y había que ocultarlas.
Que nadie presentara un día estrechas cuentas
por los asesinatos de tantos idealistas
cuyos huesos se pudren en mil fosas comunes.

Si hay hielo en la memoria de tantos, que vivimos
nuestra guerra cainita, aquel naufragio hispano
con un millón de muertos, con miles de penados,
en cárceles abiertas a todos los vencidos,
fusilados, yacentes en tumbas ignoradas
de tantos cementerios,
Sentiremos muy dentro dolor en la conciencia
por haber olvidado.....

En verdad, no debemos traicionar los recuerdos
y tirarlos a un pozo, pues no son desperdicios,
rememoran las luchas, la vieja piel de toro
manchada con la sangre de tantos que cayeron
en todas las ciudades, trincheras y caminos....

Que doblen las campanas por tantos silenciados.
Que sus tristes tañidos expresen agonía
por forzosos exilios, por familias deshechas
envueltas en los llantos de tantos sometidos.

Que sus toques de ánimas repiquen como sombras
pasando entre las sombras de los viejos recuerdos...."

"HOMENAJE, a tantos demócratas pasados por las armas de los que consiguieron destruir a la Republica española". Autor: Ernesto Sempere Villarrubia. 24 de Septiembre 2004, Día de la Merced, ¡patrona! de los Presos.

A la izquierda, Ernesto Sempere Villarrubia, junto con otro compañero no identificado del 94º Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores Penados, en la Plaza Alta de Algeciras (Cádiz). 1945


Ernesto Sempere Villarrubia nació en 1920, en el seno de una familia republicana, progresista e intelectual, comprometida con la izquierda moderada y el Frente Popular. En otoño de 1937 escapa de casa y con 16 años se enrola en la 88 Brigada Mixta, de inspiración anarquista, participando en combates de primera línea del frente en Cerro Sordo y La Chimorra (Pozoblanco, Córdoba). Tras resultar herido y ser reclamado por su familia, regresa a retaguardia para ingresar en el 36º Batallón de Obras y Fortificación, a cuyo frente se encuentra su padre, Ernesto Sempere Beneyto. En este batallón de ingenieros (que se convierte en unidad de combate desde otoño del 38) permanece hasta el derrumbe de los frentes extremeño y andaluz en marzo de 1939. Capturado y preso en el campo de concentración de La Granjuela, cerca de Valsequillo (Córdoba), escapa del mismo en junio, para ser preso nuevamente en octubre de 1939. Tras ser sometido a un Procedimiento Sumarísimo de Urgencia (nº 7054), es condenado a veinte años de reclusión el 22 de febrero de 1940, siendo trasladado a la prisión de Valdenoceda en septiembre del mismo año. Fruto de su rebeldía --negarse a comulgar en la semana santa de 1941-- se encuentra con una nueva orden de traslado a la prisión de Las Palmas de Gran Canaria., que se ejecuta en octubre de ese año. Permanece en las islas hasta el 21 de noviembre de 1943, en el que sale en libertad condicional con la pena accesoria de destierro. Al acudir a la península, se le notifica su carácter de supuesto prófugo y es enrolado a la fuerza en un batallón de castigo para “prestar” el servicio militar. Se le traslada al 94 Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores (radicado en el Campo de Gibraltar), en el que permanece preso hasta mediados de 1947. En diciembre de 1948 se le comunica la concesión del indulto de la pena de reclusión, permaneciendo desterrado de su ciudad de residencia y con obligación de presentación periódica a las autoridades hasta mediados de la década de los 50. Durante los siguientes cincuenta años, Ernesto Sempere aprendió a sobrevivir, se negó a olvidar y se obligó a perdonar. Fundamentó su nueva vida en el amor a su mujer –Otilia— a sus ocho hijos, a sus ocho nueras, a sus dieciséis nietos y a la creación artística. Murió el 13 de enero de 2005, rodeado de todos los suyos. Sus poesías y sus canciones nos siguen reconfortando.

Ernesto Sempere en Córdoba, año 2001. Esta entrada es en homenaje a su Memoria.