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miércoles, 4 de marzo de 2015

El pueblo, traicionado --como siempre-- por los plutócratas. En Bilbao y en todo el Estado: La Memoria al servicio de la Justicia. Día 63.

Entre noviembre de 1936 e inicios de 1937, trece arquitectos, doce ingenieros industriales, dos ingenieros de minas, un ingeniero agrónomo, tres aparejadores y 8.500 trabajadores republicanos y nacionalistas vascos construyeron bajo la dirección del capitán de Ingenieros Alejandro Goicoechea las defensas del tan cacareado Cinturón de Hierro de Bilbao. Parecía que todo el frente Norte dependía de la estabilidad de las fortificaciones y del aguante de las unidades militares vascas que las guarnecían, pero la deserción de Goicoechea en febrero de 1937 (pasándose a los franquistas con los planos detallados de las líneas, bastiones, bunkers, nidos de ametralladoras y trincheras), la fulgurante ofensiva de Mola y sus sicarios, la destrucción de Durango y Guernica y los masivos bombardeos de abril y mayo quebrantaron las murallas y la moral de los hombres. Careciendo de otras explicaciones, expertos e historiadores vienen a coincidir que ésa, la fuga del traidor Goicoechea, fue la razón última por la que el Cinturón sólo resistió dos días, desde el inicio de la ofensiva final franquista y carlista del 11 de junio hasta el abandono de los baluartes por los nacionalistas y republicanos el día 13, sólo dos jornadas después. En definitiva, la deserción del diseñador, el quebranto de la moral y la incompetencia de los mandos ocasionaron la caída estrepitosa de Bilbao el día 19 y la derrota de los hombres libres vascos, aquellos que habían soñado en gobernarse por sí mismos y en ser dueños de su propio destino y del fruto de los recursos creados por el trabajo de sus propias manos.

Addenda: hasta el último de sus días en 1984, el felón Goicoechea disfrutó de una posición de privilegio adquirida gracias a su traición a la República. En plena autarquía, Goicoechea fue para el franquismo el paradigma de la infrecuente ciencia hispánica, inspiradora de invenciones como sus sorprendentes Tren Talgo O, I y II. Goicoechea nunca pidió perdón por su vileza.

Gudaris prisioneros de las tropas franquistas tras la caída de Bilbao. 1937. La imagen puede verse en la obra "España en llamas" de Bernardo Gil Mugarza y en multiples páginas y blogs como por ejemplo el de Inaki Anasagasti http://ianasagasti.blogs.com.