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martes, 29 de julio de 2008

Burgos, Capital (y provincia) de la Cruzada y de la Represión

Desde el inicio del golpe de Estado, Burgos --capital y provincia-- estuvo inextricablemente unida a la suerte de los rebeldes. Siendo ésta como fue favorable para los designios de los traidores, Burgos se configuró como el gran centro organizativo, ideológico y espiritual de la sublevación. El 24 de julio de 1936, cuatro días después de la muerte casual del general Sanjurjo en accidente aéreo, se creó con sede en Burgos la Junta de Defensa Nacional, a la que se unió Franco en agosto, para ser proclamado comandante en jefe y jefe de gobierno (septiembre) y Generalísimo del Ejército Nacional y Jefe de Estado (octubre), todo ello siempre en Burgos. Cuando el general Mola resultó muerto en otro casual accidente aéreo un año más tarde (junio 1937), ningún líder militar quedó de los que organizaron la conspiración contra la República entre 1933 y 1935. Como consecuencia de ello, desde el verano de 1937 Franco pasa a establecerse definitivamente en Burgos tomando como residencia oficial el Palacio de La Isla. Con Franco en la capital, Burgos --centro administrativo y de operaciones de los golpistas-- vio como en ella se gestaban los alzados su Junta de Defensa, su Junta Técnica, el nombramiento de Franco como Jefe de Gobierno y de Estado, los medios propagandísticos de la época como la agencia EFE o el NODO, el Movimiento Nacional, el parte del «cautivo y desarmado el ejército rojo» y, en suma, la propia Dictadura franquista subsiguiente. También el propio término de “Cruzada” fue acuñado en la ciudad por el alto clero –local o advenedizo--, lo que indujo además al dictador a galardonar a la ciudad con el título de “Capital de la Cruzada”. Con la marcha definitiva de Franco de la ciudad el 18 de octubre de 1939, Burgos queda como un "virreinato" de hecho, a cargo del General Juan Yagüe.

En este escenario plagado de incentivos para el despropósito, no era de extrañar que la represión en la capital y en la provincia fuera letal, sanguinaria, feroz y cruenta, siguiendo las directrices explicitas del general Mola, en su instrucción reservada nº 1 de mayo de 1936: “Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas.”. Estas órdenes se vieron reforzadas el 19 de julio de 1926 con indicaciones expresas del propio Mola de “sembrar el terror...hay que dejar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”. Así lo narra el investigador Luis Castro, experto en el estudio de la guerra civil y de la represión en Burgos: “Había listas negras, normas legales, sacas por orden del gobernador civil o del jefe de orden público… ...la zona norte -Miranda y Las Merindades- fue la que más sufrió la represión y donde será más difícil tratar de contabilizar el número de las víctimas. Estaban cerca del frente de guerra y era zona bastante republicana: Arija, Valle de Mena…”, por lo que había que atajar la resistencia sembrando el terror del modo más cruel posible. La represión ocasionó en Burgos al menos 2500 muertes y decenas de miles de represaliados. Quizás es por ello por lo que Burgos es una de las provincias más activas en el proceso de Recuperación de la Memoria Histórica. Hasta el momento se han podido exhumar cerca de una treintena de fosas y recuperados un total aproximado de 1000 individuos asesinados (ver http://www.rmhburgos.org/ ).

Desde los primeros días de la sublevación, Burgos se pobló de depósitos de presos, campos de concentración, cárceles, penales y prisiones. La Cárcel de Oña, la Prisión Central de Burgos, la Prisión Provincial de Santa Águeda, la Cárcel de Mujeres de Burgos, la Prisión Central de Valdenoceda o los campos de concentración de Lerma, San Pedro de Cárdena, Aranda de Duero o Miranda de Ebro fueron algunos de estos centros de detención de maltrato, tortura y muerte, de algunos de los cuales ya hemos hablado con cierto detalle en anteriores entradas (ver al menos 17 entradas sobre “Burgos” en el archivo del blog), si bien no está de más que recordemos la particular historia de alguno de ellos:

Militares franquistas en Misa en el campo de concentración de San Pedro Cardeña. Imagen reproducida en el libro "Cautivos", de Javier Rodrigo.

Banda de música de la prisión Central de Valdenoceda (Burgos). Ernesto Sempere está en la fila de enmedio, el quinto por la izquierda.

Presidiarios limpian sus ropas en los lavaderos del campo de concentración de Miranda de Ebro.

Presos veteranos en Burgos, mediados años 40

José Maldonado Picado, primero por la izquierda y en pantalón largo, con un equipo deportivo de una prisión, probablemente la de Burgos.

Prisioneros extranjeros internados en Miranda de Ebro, años 40.

Presos belgas recién liberados del campo de concentración de Miranda de Ebro (Burgos). En el original de la fotografía puede leerse "Libération du camp de Miranda de Ebro, mars 1943". Procede del archivo de SomaCeges http://www.cegesoma.be/ ya comentado en anterior entrada (ver la entrada "Campo concentración Miranda de Ebro" del día 6 de julio) .
Presos en el campo de concentración de Mirande de Ebro, el 9 de abril de 1941.

En Noviembre de 1957, el afamado músico, compositor y actor José Iturbi, presente en siete de las más grandes y conocidas superproducciones musicales hollywoodienses de la Metro Goldwyn Mayer, visita la cárcel de Burgos, probablemente dentro de su gira para recaudar fondos en beneficio de los damnificados por las riadas de Valencia de ese año. En esta deteriorada imagen se le puede apreciar en el centro, justo a la derecha del pliegue central de la imagen, en el que también podemos encontrar al preso Alberto Puente.

Nueva imagen de la visita a la cárcel de Burgos del músico José Iturbi en noviembre de 1957. Aunque parece la misma fotografía, se observan diferencias con respecto a ala anterior, fundamentalmente en los presos que se encuentran en el suelo, la primera filad el extremo derecho. En esta fotografía también podemos ver a Iturbi en el centro y al preso Pepe Picado Maldonado sentado el primero a mano derecha, en la segunda fila.

Presos con sus hijos. Vemos a Pepe Picado Maldonado junto con su hija llamada en realidad Libertad pero conocida "civilmente" como Pepita (la que está en cuclillas) y junto con su otra hija Alberta, que está a la izquierda de Picado.

Prisión de Burgos, años 50. Julià Frau, Guillem Gayà, Antoni Vich Cavallet y otros presos.


La Prisión y Campo de Concentración del Palacio Ducal de Lerma, sirvió como establecimiento de reclusión para presos de guerra dependiente desde el principio (1937) de la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros. En este campo, que desapareció como tal al finalizar la contienda, estuvo ubicado durante un tiempo hasta enero de 1938 el BATALLON DE TRABAJADORES N. 50, compuesto por presos de Santander y Laredo. En un mapa de situación de campos de finales del 37, sin fechar, aparece catalogado como "Campo de inútiles", marcado con la letra “ I “. Todo parece indicar que esta calificación se correspondía, como en otros campos, a ser destinado a un tipo de población reclusa especialmente no apta para el trabajo. En un estadillo correspondiente al mes de Agosto del año 38 titulado “Cuadro demostrativo de la capacidad remanente disponible en los actuales C.C. para clasificación de prisioneros” cerrado al día 22, se indicaba que había en Lerma en ese preciso momento 800 prisioneros, lo que implica necesariamente que por este campo de concentración pasaron a lo largo de sus más de dos años de vida varios miles de represaliados republicanos y antifranquistas.

Acotado por alambradas y torres y garitas de vigilancia, el Campo de Concentración de Miranda de Ebro estaba instalado en los restos de una antigua fábrica de azúcar y en varios barracones y tiendas de campaña, en los alrededores de su estación ferroviaria. Se diseñó por la Inspección de CC para alojar a mil doscientos prisioneros, aunque durante la guerra y postguerra el volumen de prisioneros multiplicó por 3 y hasta por 4 su capacidad, superando en ocasiones los 4000 reclusos encerrados en él. El estadillo de agosto de 1938 del que ya hemos hablado anteriormente indicaba que en esa fecha había 3000 prisioneros. Como campo de clasificación, en él se recibían a los evacuados de los campos lazaretos, más en vanguardia y unidos por buenas vías de comunicación, férreas principalmente, y se procedía por parte de las Comisiones a su calificación jurídica, proceso previo indispensable a cualquier evacuación. Terminada la clasificación se procedía a la última fase del riguroso proceso, que no era otra que la utilización de los clasificados como prisioneros de guerra en los campos de concentración y de trabajo, asignando el destino definitivo, que podía ser de muy distinta índole, bien en las unidades activas y las de trabajadores, bien en los campos de depósito o prisiones, incluido el propio de Miranda, y siempre con tratamiento de personal militarizado. En noviembre de 1.942 aún sitúa el americano Geiser en este establecimiento a 166 brigadistas, algunos de ellos inválidos. Finalizada la guerra española, el campo de Miranda continuó en estas funciones en plena guerra mundial, sirviendo como centro de reclusión de todos aquellos evadidos de los países en conflicto tanto por cuestiones políticas (principalmente italianos y alemanes), como por deserciones, la mayoría buscando en España el simple puente para acceder a tierras del norte de África, activísima vía de escape para cualquier parte del mundo. Fue clausurado definitivamente en 1947. Por el Campo de Concentración de Miranda de Ebro llegaron a pasar miles de españoles y al menos 15.412 presos extranjeros, entre ellos miles de brigadistas internacionales. Este tema lo ha tratado el investigador local José Ángel Fernández López, a través de cientos de testimonios recogidos de antiguos ocupantes del campo y publicados en su libro “Historia del campo de concentración de Miranda de Ebro (1937-1947)”. En él puede leerse lo siguiente: “Son muchos los testimonios de sufrimientos: Durante mi estancia en el campo de concentración de Miranda, los presos vivíamos permanentemente atemorizados” (Félix Padín, miliciano de la CNT). Un capítulo especial de vejaciones sufrieron los sacerdotes vascos. Además de insultos y palizas, castigados a tirar de rodillo durante todo el día, sin comer, fueron particularmente crueles las recibidas por el ecónomo de Laucariz: “lo desnudaron ante mujeres. Le hicieron bailar en un tablado, coreado con gritos de ‘baila, cura rojo’. Le afeitaron las partes genitales”. Falleció con graves secuelas psíquicas, a los 44 años, ingresado en un manicomio... ...Sobre la dureza del campo en una entrevista José Ángel citaba este pasaje especialmente revelador del libro: “Los fallecimientos en los primeros meses llegaron a ser cuantiosos. El intenso frío que tuvimos que padecer aquel crudo invierno de 1937/38; además del tifus, la tuberculosis, disentería…etcétera, dieron como resultado que las muertes fueran innumerables. Diariamente, los cadáveres eran envueltos en una manta y sacados por cuatro prisioneros al exterior, depositándolos en la parte izquierda del campo, desconociendo cuales serían sus destinos…” (ver reseña en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=27776).

El Campo de Concentración de San Pedro de Cárdena se ubicaba en las dependencias del antiguo Monasterio del mismo nombre, a 10 Km. de Burgos. Hacia finales de1.936 quedó dispuesto como complemento a los cuarteles de la capital para dar alojamiento a soldados apresados en los frentes del norte, básicamente los restos de los batallones Rebelión, Saseta, Bon y Salsamendi. El edificio quedó compartimentado y distribuidas sus alas entre los diversos grupos de ocupantes que conformaron la población del campo; así, el ala norte –la más insalubre-- fue para dormitorio de prisioneros una vez puestas verjas en las ventanas, en tanto que las de los costados sur y oeste fueron adjudicadas a la oficialidad y los soldados de servicio. También, entre otras reformas menores, se reservó una zona para enterramiento de cuantos fueran muriendo por estar o llegar heridos, arrojarse por las ventanas, o los fusilados tras juicio sumarísimo en aplicación de la ley de fuga . El campo de Cárdena fue administrado por la Inspección y desempeñó diversas funciones a lo largo de la contienda, tales como clasificación, alojamiento de prisioneros de guerra clasificados dentro de la categoría B, preparación de personal para los Batallones de Trabajadores y muy particularmente como aparcamiento de extranjeros y presos especialmente peligrosos. En una relación cerrada al 31 de diciembre de 1.937 se podía leer el siguiente inventario de prisioneros: Adheridos a su residencia: 2.608; Adheridos a Caja de Reclutas: 927; A-dudosos con destino a B.T.: 782; B, destinados a C.C.P.: 651; C, a disposición de las Autoridades Judiciales: 172; TOTAL Clasificados : 5.140. Este volumen sufría oscilaciones, pues según el estadillo ya mencionado de agosto del 38 había 3000 prisioneros en esa fecha. En abril de 1.938 se designó al Campo de Cardeña como lugar donde deberían concentrarse todos los presos de nacionalidad extranjera que hubieran quedado en poder de los franquistas. Al 10 de septiembre de 1.938 Geiser sitúa en San Pedro 697 prisioneros extranjeros, cifra que reparte entre 479 brigadistas, 174 marineros -procedentes de barcos apresados o hundidos- y servidores en unidades españolas o acusados de apoyar la República, y 44 civiles, pertenecientes a 38 nacionalidades más las ciudades independientes de Danzig y Saar. “Estaban en pasillos tirados, hechos un asco, entre una gran miseria, porque pasaban mucha hambre”, según testimoniaba en 1996 Agustina Martín. Una vez trasladados todos los presos, el campo se cerró en noviembre de 1939.

El Campo de Aranda de Duero se encontraba ubicado en la sala de máquinas de la estación del ferrocarril en construcción Madrid-Burgos, poseyendo además un campo acotado por alambradas en donde existían varios barracones. Se destinó para clasificación y distribución de prisioneros y para atender a la preparación de mano de obra con destino tanto a los Batallones de Trabajo como a las obras públicas u otras obras no militarizadas en equipos de trabajadores especializados. Tenía capacidad para 2000 presos, pero ya en el estadillo de agosto de 1938 se indica que había en esa fecha 3551 presos. En relación a la represión en Aranda, recomiendo la lectura de dos impresionante trabajos obra de investigadores de la Universidad de Burgos sobre la exhumación de la fosa de Costaján, que incluyen lista nominativa de asesinados en la comarca de Aranda (ver http://www.buscaduero.com/Costajan2006.pdf y http://www.buscaduero.com/catalogocostajan.pdf)

La Prisión Central de Valdenoceda ya estaba en funcionamiento en mayo de 1938 según se desprende de una solicitud que el General Jefe de la 6ª Región Militar eleva al Mando pidiendo que le envíen a Valdenoceda una compañía del Batallón de Orden Público nº 412 para custodiar 1.100 reclusos que habían de ser enviados a un establecimiento penal de dicho pueblo. De los comentarios de Geiser se desprende la dureza que siempre presidió este establecimiento, que contaba con un largo sótano para alojamiento de aquellos que eran catalogados como “indeseables”. La comida, especialmente escasa, solía constituir el principal tema de conversación. El desayuno se reducía a una taza caliente de un líquido negro al que llamaban café y una pequeña pieza de pan. Las otras dos comidas eran una pequeña ración de patatas cocidas, reemplazadas a veces por titos. Valdenoceda dio alojamiento a 1.583 penados. En Valdenoceda también estuvieron recluidos numerosos internacionalistas, a los que no les era permitido enviar cartas o recibirlas del extranjero, ni comunicar con sus Embajadas en España. Valdenoceda siguió en funcionamiento después de la guerra (al menos hasta 1943), como así lo certifica la noticia de la visita realizada a la prisión por el 3º Secretario de la Embajada de los Estados Unidos en Madrid, Earl T. Crain (ver http://es.groups.yahoo.com/group/valdenoceda/).

Para la elaboración de esta entrada, he utilizado con preferencia (espero que con el visto bueno del autor) el excelente trabajo de investigación de Román-Fernando Labrador Juarros titulado Campos de Concentración en la provincia de Burgos 1936-1939", presentado al Congreso sobre “Los campos de concentración y el mundo penitenciario en España durante la Guerra Civil y el Franquismo”, celebrado en Barcelona en 2002 (ver http://www.cefid.uab.es y http://www.cefid.uab.es/files/comunicII-3.pdf).

Igualmente, he incluido algunos extractos de una entrevista realizada a Luis Castro Berrojo en la página “Memoria Libertariahttp://www.memorialibertaria.org/spip.php?article78 con ocasión de la presentación de su obra “Burgos, capital de la Cruzada durante la guerra civil”, editada en la colección "Contrastes" y con ISBN 84-8432-722-1, en la que pueden leerse numerosos detalles sobre el desarrollo de la guerra y la represión en Burgos capital y provincia.

Además de la obra de Luis Castro, igualmente recomiendo la lectura del trabajo “Guerra Civil y violencia política en Burgos (1936-1943)”, de Isaac Rilova Pérez, Burgos, DoSSoles, 2001, En el mismo figuran listas nominativas de los represaliados, con fechas de entrada en prisión y ejecución, profesión del asesinado y otros datos personales.