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miércoles, 2 de julio de 2008

La traición de Francia

La sistemática violación de los derechos humanos en España, el masivo exterminio del contrario por parte de los franquistas durante la postguerra y el desastre humanitario vivido por los exiliados en los campos de concentración franceses provocó que en la comunidad internacional se alzaran algunas pocas voces exigiendo el fin de los crímenes y la intervención de los gobiernos occidentales en los asuntos internos españoles. Pero esas voces y el clamor de los cientos de miles de exiliados fueron desoídos.

En la primavera y el verano de 1939, soplaban vientos de guerra en Europa y el régimen franquista, que se sentía fuerte en el interior, demostraba sus vínculos ideológicos y éticos con el nazismo aleman y el fascismo italiano a la vez que pretendía iniciar un acercamiento diplomático hacia Francia e Gran Bretaña. En esa línea política, el régimen fascista de Franco recibió con los brazos abiertos el nombramiento del mariscal Petain como embajador de Francia en nuestro país. El 20 de marzo de 1939, Petain presentó en Burgos sus credenciales ante Franco e inició una nueva etapa de colaboración con el régimen político de los victoriosos traidores. Así, Francia y Petain autorizaron con entusiasmo --para vergüenza del exilio español-- el regreso a España de las cuantiosas reservas de oro del Banco de España que se custodiaban en el país vecino y supervisaron y ejecutaron la devolución a Franco del notabilísmo patrimonio artístico del Museo del Prado que la República Española había trasferido a Francia para su protección durante la guerra civil.

Esta política de estrecho hermanamiento con Francia se prolongó tras la invasión hitleriana en mayo de 1940 y la constitución del colaboracionista régimen de Vichy. Sólo desde esa óptica de vergonzoso amancebamiento puede entenderse que en 1941 ambos régímenes autoritarios y militaristas intercambiaran pinturas y piezas arqueológicas, entre ellas la Dama de Elche, o que el gobierno de Lavall y Petain legislaran contra judios y masones y persiguieran y detuvieran --con la participación de la Gestapo alemana-- a los exiliados españoles para entregarlos en las fronteras a los militares, policia y guardia civil franquista.

Esta imagen registra una visita del mariscal Petain, embajador de Francia en España, a una cárcel franquista, muy probablemente la de Burgos, en marzo o abril de 1939. La rigidez de los presos alineados contra los muros recuerda a las similares actitudes de temor que adoptaban los judíos presos ante las visitas de los comités de inspección de los campos de concentración nazis por miembros de la internacional Cruz Roja.

Lluis Companys, presidente de la Generalitat de Cataluña desde 1934, fue detenido por la Gestapo alemana en Baule-les-Pins en agosto de 1940 y extraditado a España por la frontera de Irun. Fue fusilado en el Castillo de Montjuich a los dos meses, el día 15 de octubre. En la imagen puede vérsele conducido por la guardia civil hacia el foso y el pelotón de ejecución. No quiso que le pusieran una venda en los ojos y se cuenta que murió diciendo: "Asesináis a un hombre honrado, ¡¡¡Por Cataluña!!!".